Bajo la vista a mis zapatos deportivos que no van a juego con mi traje ejecutivo, pero eran los más cómodos para no seguir lastimando la herida de mi pie. Temprano, barrí los cristales, recordándo de nuevo que Aegan irrumpió en mi casa anoche, declarándome que él no fue el causante del intento de secuestro. Resoplo, dejando las carpetas de documentos en mi escritorio. Hoy no recibiré clientes, así que aprovecho de organizar un poco todo. Detengo mis ojos en mi agenda, vislumbrando la fecha en la que volaré hacia las Vegas junto con Victorino, para termina de una vez por todas el último trabajo con él. Mis pupilas se levantan junto al sonido de la puerta abrirse, dándole paso a Gia, quien con una sonrisa, entra. Me levanto de la silla, abrazándole con cariño. ─No sabía que me extrañabas

