El día del viaje finalmente había llegado y Natasha sentía una mezcla de alivio y ansiedad, había estado esperando ese momento, el de salir de la casa, pero no podía dejar de pensar en lo que iba a dejar atrás, aquella sensación de estar huyendo de algo más grande que ella misma le daba vueltas en la cabeza. Era un viernes soleado cuando Mira llegó a buscarla, Natasha, con la maleta hecha y un nudo en el estómago, abrió la puerta de su habitación para bajar sus dos maletas al primer piso, Mira estaba esperándola abajo, radiante, con una sonrisa que reflejaba la emoción del viaje que ambas habían estado planeando de sobre manera. — ¡Lo logramos! — exclamó Mira, abrazándola fuerte — Vamos a olvidarnos de todo lo malo... — le dio un beso en la mejilla — ¡Este viaje es para nosotras, para cel

