— ¡Quién diría que Thom es un cornudo! — Ríe uno de sus amigos. — Eres increíble, María Fernanda. Además de pobre, saliste zorra. — Me dice él. — ¡Repítelo y te rompo la cara! — Chema lo amenaza, por lo cual me tuve que colocar en medio. — Déjame explicarte, mi amor. — Le digo. — ¡Que te dé detalles de cómo te metió el cuerno! Di la verdad, irían a un motel barato. — Ríe burlón su amigo. — ¡Cállate, Horacio! — Le advierto a Thom. — ¡Él es el mejor amigo de mi hermano, solo eso! — ¡¿Crees que soy estúpido?! — Me pregunta Thom. — Sí, eres bastante estúpido, porque sabes qué día es hoy y no me mandaste ningún mensaje. — Respondo. — No me cambies de tema. — Furioso, jala mi brazo. — ¡A mí nadie me engaña, y mucho menos tú! — ¡Suéltala, estúpido, o será lo último que hagas! — Le advier

