José María: La rabia me consume, y durante todo el día solo pude liberarla hablando con Yago, quien me entiende mejor que nadie y con quien pude desahogarme plenamente. Pasamos la tarde en su casa, compartiendo una botella de alcohol mientras veíamos un partido de fútbol. La imagen de Marifer en los brazos de Kian se apoderó de mi mente, y una oleada de furia recorrió mi ser. Quisiera poder acabar con él con mis propias manos. Ese idiota piensa que puede arrebatarme lo que me pertenece. Esa mujer es solo mía, no me importa ni siquiera Benjamín. Mi única obsesión es estar con ella, besarla, tocarla y hacerle el amor durante toda la noche. —Creo que deberías dejar de beber —me sugirió Yago. —No puedo creer que Marifer me engañe. Es una cínica, como todas las mujeres. —El alcohol parece

