La paciencia es una virtud

1143 Words
✧NATHAN✧ —La cuestión aquí es la siguiente, señor Sallow —comenzó mi abogado luego de acomodarse en su asiento con la habitual serenidad que lo caracterizaba. Detuve el camino de la taza de café hacia mis labios crispados cuando escuché al beta mencionar uno de mis más grandes temores. —No podemos presentar una demanda contra Lucas Chambers, no es viable. De repente, perdí el apetito. Esta reunión a la hora del desayuno fue una mala idea. —¿Por qué? El representante de mi bufete de abogados me mostró una pila de documentos que trajo consigo. —Estas son las causales que presentaremos contra la clínica que realizó el procedimiento de inseminación artificial. Lucas Chambers está libre de toda responsabilidad. Él es una víctima de negligencia. Llevé mis manos a la cabeza. Definitivamente, hoy sufriría una migraña. —Pero... él no me permitirá estar cerca de mi hijo si un juez no ordena lo contrario. —No tenemos ningún recurso que nos ampare en ese tema —dijo el abogado con pesar—. Pero, no todo está perdido. Lo miré esperanzado. —Está claro que usted está dispuesto a todo por formar parte de la vida del bebé que espera el señor Chambers, y la corte siempre tiende a apoyar a los padres que voluntariamente desean hacerse cargo de sus hijos. Y ya que este es un caso especial, porque usted y Lucas Chambers no concibieron de la manera tradicional, lo más probable es que el juez sugiera llegar a un acuerdo entre las partes. Asentí, pensativo. —Yo le sugiero que haga las paces con el señor Chambers, y bueno... quizá entre ambos pueda surgir una amistad... El abogado guardó silencio y me dedicó una mirada significativa. —O algo más... La confusión que sentí debió reflejarse en mi rostro porque mi abogado se reincorporó en su asiento y lo intentó una vez más. —El señor Chambers es un Omega soltero. Usted no se encuentra involucrado sentimentalmente con nadie desde la situación con su ex, ¿estoy en lo correcto? Asentí con el ceño fruncido. Pues, empezaba a comprender por dónde iban las cosas. —¿Me está sugiriendo que me acueste con Lucas Chambers para poder alegar en la corte que somos íntimos y que por eso deberían permitirme formar parte de la vida de mi hijo? —No, claro que no, así no funciona esto. —Porque usted sabe que estoy dispuesto a lo que sea por mi cachorro —asentí con determinación—. ¿Necesitamos pruebas para usar a nuestro favor? Podría grabarnos en el acto, pero no sé si aceptarían algo así en la corte... ¿Los Omegas embarazados pasan por su periodo de calor? —Señor Sallow, por favor, deténgase. Permítame explicarle por qué~ —Tengo una cabaña frente al lago, eso es muy romántico. Podría invitarlo a cenar, luego expulsar feromonas que lo pongan de humor para~ —¡NO! Definitivamente, no me refería a eso —soltó mi abogado, alterado. Él se reincorporó en su asiento e hizo su mejor esfuerzo en recuperar la compostura. —¿Entonces? —inquirí con desdén. —Solo, intente un acercamiento sincero y progresivo. Demuéstrele por qué puede confiar en usted. Yo lo considero un buen Alfa, todos tenemos nuestros defectos, pero créame, señor Sallow, no existe nada más valioso que tener la oportunidad de demostrar nuestras virtudes a pesar de las adversidades. Aquello sonaba bien. Me gustaba la idea, no más que la que yo sugerí antes, pero bueno... Lo intentaría, a pesar de mi situación actual con Lucas Chambers. *** La misión de convertirme en un amigo cercano del hombre que llevaba en su vientre a mi hijo dio inicio a la mañana siguiente. La estrategia era simple pero efectiva: No hablaría con él en persona hasta estar seguro de que ambos no terminaríamos en medio de una guerra campal. Para empezar, decidí enviarle un arreglo de flores en modo de disculpa por mis comentarios del otro día. Y, considerando que la otra vez aceptó la canasta de frutas que le llevé personalmente, un bonito arreglo floral parecía ser lo más apropiado. Luego, me tomé dos días para centrarme al cien por ciento en mi trabajo. Eso probablemente lo haría reflexionar. El punto de mi plan era lucir casual y poco insistente. Hasta ahora solo me había enfrentado a él en un estado totalmente enardecido. Aquel Omega no llevaba ni un segundo de conocerme y ya había visto lo peor de mí. Debía cambiar eso. Pasados los dos días de reflexión, le mandé una caja de chocolates. Nada romántico. Eran unos bombones orgánicos, o eso dijo mi asistente. En fin, lo que sea que eso signifique. En este punto esperaba una respuesta de su parte, pero esta jamás llegó, así que ya era hora de subir un poco el nivel. Ordené un adorable osito de felpa vestido de doctor que sería entregado en su oficina. La idea fue —una vez más— de Rob, mi joven mano derecha. No recibí respuesta. Los días transcurrieron, y yo estaba a punto de cerrar un importante trato con unos futuros accionistas. Aquello significaba que podría tomarme un par de días libres. Reducir mis horas de trabajo era algo nuevo para mí, pero la ocasión lo ameritaba. Planeaba invitar a cenar a Lucas Chambers. No me tomaría su silencio previo como algo personal, a pesar de que ya estaba empezando a echar raíces de tanto esperar su llamada. Él ya tenía mi número personal, y todos los obsequios eran una clara señal de que necesitaba que me hablara. Froté mi rostro trasnochado y me encaminé al baño para acicalarme un poco. Cuando terminé de lavarme la cara, peinar mi cabello y echarme la mejor colonia de mi gabinete, recogí mis cosas y me marché con la mejor actitud que un Alfa de mi rango podría tener al saberse rechazado por un Omega tantas veces… Respiré profundo y me subí al vehículo. Conduje a través de la ciudad hasta la clínica de Lucas Chambers, si mal no recuerdo, el Omega daba atención al público hasta las 06:00 p.m. Eran las 05:35 p.m. Así que no tenía excusas para rechazarme. Cuando llegué, la asistente de Lucas me miró como si hubiese matado a su perro. Esa beta me detestaba. —¿Usted qué hace aquí? Ya vamos a cerrar. —Vine a ver a tu jefe —dije como respuesta. No planeaba darle más explicaciones. —Bueno, él ya se va, así que chu, chu, chu —soltó, haciendo los mismos ademanes que usaría con un perro desobediente. No tuve tiempo para replicar, ya que por la puerta de la oficina apareció él, luciendo particularmente adorable con su enorme vientre oculto bajo el suéter verde más horrible que jamás haya visto en mi vida. Encantador.
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