Cuando llegué a la entrada de la oficina, me topé con dos hombres de seguridad pendientes de la puerta, estaban armados y con una expresión seria en sus rostros. Supuse que el asunto se volvió serio y que por fin sería el final de Agatha. —Nombre —hablaron al unísono. —Eh, Ximena Foster —respondí. —Tienes derecho a entrar, pero no podemos dejarla salir a menos que Eric nos dé la orden —comentó uno, con la postura firme. —Entiendo. Después de eso, me abrieron la puerta y troté, pero me detuve en cuanto observé la escena. Fue como una especie de deja vu lo que me invadió, algo que ya viví. Agatha estaba muy pegada a Eric, mientras él le sostenía las muñecas. Ambos voltearon un milisegundo para notar mi presencia, lo cual generó que Agatha actuara de manera astuta, dañando una parte de

