Me encuentro con Diana dormida entre mis brazos, su respiración tranquila y pausada, y no puedo evitar una sonrisa. Estoy agotado; esta mujer me está volviendo completamente loco. La hice mía durante horas en la cama, luego en la ducha, y aún así, la deseo cada vez más. No sé qué maldita obsesión tengo con ella, pero con Diana no me canso. Siempre he odiado repetir con una mujer, porque cuando te acuestas más de tres o cuatro veces con alguien, empiezan a surgir expectativas. Sin embargo, con ella ya he perdido la cuenta, y lo único que deseo es que despierte para hacerlo otra vez. Después de todo, debo embarazarla, y lo mejor es asegurarme de que suceda. Esto es solo un sacrificio, nada más, me digo a mí mismo. Pero aunque me cueste admitirlo, jamás imaginé que Lady sería tan apasionada,

