—Aun así debes comer algo. No has probado alimento en dos días y medio, te debilitaras si no ingieres algo. —asevero intranquilo. Reprimo una sonrisa al verla colocar los ojos en blanco y hacer una mueca. —Bien, ¿Qué piensas cocinar? —acepta resignada. Sonrío al escuchar aquello. Entrelazo nuestras manos y la guio hacia la sala. Allí procura sentarse en el sillón y prende la televisión. Mientras preparo la comida, que consta de unos sándwiches de salmón y ensalada, le dedico algunas miradas de reojo. Toda su atención se centra en una película que están dando por Netflix. Me encargo de llevar la comida en una bandeja a donde se encuentra Esmeralda sentada en el sillón. La observo por unos segundos y agradezco interiormente que se encuentre más consciente y despierta. Sus ojos desatan un

