Se ve tan feliz, inocente, pura. Esa tierna sonrisa posada en la curva de sus labios me hacen sentir vivo, lleno, por primera vez en veintiséis jodidos años de mi vida. La veo como lleva un arrollado de sushi a la boca, disfrutando de su sabor. En el camino a su boca un poco del arrollado del sushi se cae al suelo. Sonríe avergonzada bajando la mirada. —Entonces...—hace una pausa fijando su atención en mí. — ¿Me quieres contar que es lo que está mal para que estés así? —indaga causando que soltara un leve suspiro. Esmeralda es muy observadora, tanto o incluso más que yo. Cada detalle lo nota, y es imposible negar mis emociones ante ella, por más que lo intente. Ante todos me muestro como un hombre frio, serio y sin sentimientos. Esa es la apariencia falsa que le daba a cada persona que s

