—No lo vamos a hacer ahora, tranquila pequeña. Solo vamos a rozar nuestras partes ¿vale? —murmuro viéndola de reojo. Asiente con un intento de sonrisa que fue más una mueca. Llevo mi mano a su mejilla acariciándola suavemente en un gesto tierno y cariñoso. Cierra los ojos y mueve la cabeza más cerca de mi tacto. Le gusta mi tacto tanto como a mí el suyo. Empiezo a pensar por sus actitudes que nunca recibió un poco de afecto o cariño. Una vulnerable sonrisa se forma en sus labios y todo su cuerpo se relaja con mi caricia. Siendo sincero no me gustaría pensar que mi pequeña Esmeralda es así porque nunca tuvo a alguien que le demostrara cariño, amor. El verdadero amor. —Pensé que esto iba a ser un simple masaje. —ironiza con una sonrisa burlona en sus labios. Abre los ojos para mirarme. Le

