El auto de mi padre estaba estacionado.
Sólo lo veía en Navidad y en algunos cumpleaños.
No había hablado conmigo para el cumpleaños de Alexis.
-¡Esta aquí el abuelo!- grito mi hija a la vez que se baja del auto.
Él quería demasiado a Alexis, era su primera nieta.
-¡Aless!- le gritó mi padre, tenía una enorme caja junto a él. -¡Feliz cumpleaños pequeña!-
-Gracias abuelo, ¿Y la abuela?-pregunto con una sonrisa.
-Vendrá en un rato más, salió una urgencia en el hospital- y si, era gracias a mi madre que había decidió estudiar medicina, en cambio mi padre era un empresario. Uno muy bueno y reconocido.
-Hola papá- le salude mientras me adelantaba a abrir la casa.
-Alexis- se limitó a decir antes de entrar junto a Alexis y su regaló.
El no odiaba a mi hija, me odiaba a mí por haber sido un cobarde y un padre soltero.
Según sus palabras exactas fueron algo así "Te vieron la cara de idiota"
Sin embargo yo sé que tener a Alexis no es nada de eso.
No tenía comida lista y quizá había algo en la nevera para preparar comida.
Nada congelado, sólo comida casera.
-¿Qué quieres comer princesa?- la vi correr de un lado a otro con su regaló en manos.
-Puedes hacer calabaza rellena- y a diferencia de algunos niños, Alexis amaba las verduras.
-Claro- le sonreí, y aunque estaba cansado, mi segundo trabajo apenas comenzaba.
Consistía en pasar por Alexis al colegio, preparar la comida, tomar una siesta, ayudar con su tarea, preparar la cena y mandarla a dormir.
Busque lo necesario para preparar la comida, mis ojos pesaban, después de aquella cirugía de madrugada me fue imposible descansar algo.
En cuanto todo estuvo en el horno fui con Alexis y al verla jugar con sus nuevos juguetes decidí subir a tomar una ducha.
Tenía un día largo por delante, me coloque unos pantalones deportivos junto a una camisa.
Tenía puestas mis pantuflas cuando baje y mire a mi madre, de inmediato me acerqué a besar su mejilla.
-Hola hijo- me sonrió en respuesta.
-Hola mamá, ¿Qué tal él trabajó?- amaba charlar con mi madre.
-Sólo una consulta de emergencia, amenaza de aborto- mi madre era ginecóloga. -¿Que tal el tuyo?- entró a la cocina y revisó el horno.
-Estoy en urgencias estos días- respondí con un bostezo, necesitaba dormir algo.
-Porque no vas a descansar, yo cuidaré a Alexis- me sonrió, asentí en verdad necesitaba dormir un poco.
Subí a mi habitación y apenas toque la cama caí en un sueño profundo.
Desperté y la falta de ruido alguno me alertó.
Al ser padre descubrí un nuevo mundo, uno lleno de travesuras y esas venían acompañadas de un silencio.
Baje las escaleras aún adormecido, un bostezo se me escapó.
-¿Alexis?- mire en la cocina, todo estaba perfectamente ordenado, mire el comedor y de igual manera, subí a la habitación de mi hija y encontré una nota en su cama.
Hijo, fuimos al despacho de tu padre por una emergencia, Alexis fue con nosotros.
Con amor mamá.
Entre a mi habitación, me coloque unos tenis y tome las llaves del auto y mi teléfono, me esperaban treinta minutos de conducir hasta el despacho de mi padre en el centro de la ciudad.
Conduje con cautela hasta ahí, empezaba a oscurecer y todo parecía indicar que una tormenta se acercaba, lo cual no era extraño en estos días.
Baje y mire el gran edifico, las oficinas de mi padre estaban en el quinto piso.
-Hola Joe- salude al guardia.
-Hey Alex- me saludó, había trabajado para mi padre hace ya veinte años.
Subí al ascensor y marque el piso, cuando se abrieron en mi destino u pequeño pero no desapercibido cuerpo chocó con el mío.
-Disculpa...- dije deteniendo a la chica antes de caer.
-No, yo lo siento- entonces la mire y la recordé.
-¿Eres tú? La chica de ayer en urgencias- mire su brazo para ver su herida.
-Sí, Detective Hailey Preston- me extendió su mano.
-Alexis Brave- me presenté.
-Bien, me tengo que ir- pasó a mi lado, entró al ascensor y desapareció.
Reí por aquella acción, pero seguí caminando a la oficina de mi padre.
Su secretaria estaba ahí, en cuanto me vio dio un asentimiento y entre.
Mi padre al teléfono gritando un poco, mi madre en una esquina sin moverse y mi hija junto a ella abrazándola.
No entendía que sucedía en aquella escena.
-¿Que sucede mamá?- pregunté acercándome hasta ellas.
Ella me miro y negó, no entendía.
-Tú hermano- soltó en lágrimas, sus manos se apoyaron en su cara.
Mi padre por fin dejó la llamada y se acercó a consolar a mi madre.
-¿Qué sucedió?- ahora le pregunté a él.
-Tu hermano fue asesinado- y sus palabras partieron mi corazón.
Mi hermano gemelo había sido asesinado.
Y ahora entendía el dolor de mi madre.
Ahora era mi dolor, mi sangre se había ido, mi mitad, un vacío sé instaló en mi corazón.