Claudia escuchó su voz ronca, como si estuviese tratando de ocultar algo, y se veía muy mal. “¿Cómo puede tomarse una ducha fría estando enfermo?” Ella entró en pánico, corrió hacia el baño, y vio a Miguel debajo de la ducha. “¿Acaso eres tonto? ¡Así te enfermarás más!” Ella entró y lo tomó del brazo para sacarlo, pero él la jaló y la presionó contra la pared. El agua fría salpicaba sobre la espalda de Miguel. Y toda la ropa de Claudia se mojó. Llevaba ropa para dormir y cuando se mojaba se le pegaba al cuerpo, dejando al descubierto su hermosa figura. “¿Qué... qué te pasa?” Claudia pensaba que no era el mismo y no parecía enfermo. Parecía un león hambriento que salía de la montaña y buscaba comida. Sus ojos estaban enrojecidos, y había una profunda y terrible sensación en ellos.

