El silencio se instala por un momento. Julián mira su plato, como si estuviera buscando respuestas entre los restos de pizza. Amarai me observa con esos ojos marrones que parecen tener la capacidad de desarmar a cualquiera. Yo sostengo su mirada. No voy a retroceder. Si esto es un juego, estoy dispuesto a jugarlo hasta el final. —Y vos, Matías —dice de repente, rompiendo el silencio—, ¿sos de seguir las reglas? El giro me toma por sorpresa. Ella nunca había dirigido el foco hacia mí de esta manera. Me río, más para ganar tiempo que por diversión. —Depende de las reglas —respondo, encogiéndome de hombros. —¿Por ejemplo? —insiste, apoyando los codos en la mesa y entrelazando las manos frente a su rostro. Es un gesto sencillo, pero algo en la manera en que lo hace lo vuelve intenso. —Bue

