Ricardo me abraza con una fuerza que casi me ahoga. Me aferro a su espalda como una actriz que recuerda el guion justo a tiempo. Sonrío, asiento, me deslizo en ese rol de esposa feliz que él espera ver. Mi rostro está cerca del suyo, mis labios dicen lo que tienen que decir: que lo extrañé, que lo amo, que me alegra su regreso. Pero mis ojos… mis ojos me traicionan. Cada tanto se escapan hacia Lucas, que observa todo con la impunidad de quien ya ha traspasado todos los límites y ahora solo contempla el incendio desde la loma del pecado. Él sabía. Sabía que Ricardo estaba por salir, sabía que íbamos a encontrarnos en ese mismo instante. Y aún así... aún así me cogió en su auto, cuando sabía que en unos minutos me iba a encontrar con mi marido. Todavía siento el sabor de su v***a en mi boca

