El clímax llega como una ola imparable, envolviendo cada fibra de mi ser. Mi cuerpo se arquea involuntariamente, y un gemido ahogado escapa de mi garganta. La tensión se libera en un estallido de calor y electricidad que me deja temblando, vulnerable, completamente expuesta frente a él. Lucas retira su mano con la misma calma con la que la había deslizado antes. Su expresión no cambia; no hay rastro de arrogancia ni de triunfo en su rostro. Solo esa mirada suya, inquebrantable, que parece registrar cada detalle de mi reacción. Me quedo quieta, respirando profundamente, intentando recuperar el control de mi cuerpo mientras el silencio regresa, envolviéndonos una vez más. Lucas se reclina hacia atrás, con esa calma que siempre parece envolverlo. Sus dedos, aún húmedos, los lleva a sus lab

