Me pongo de pie. Me desabrocho de nuevo el cinturón. Mi v***a pide a gritos ser enterrada en ella. Decido que el sexo anal es algo que lo dejaré para la próxima vez. ¿Existirá próxima vez? En realidad no lo sé, pero no quiero pensar en eso ahora. Solo quiero cogérmela. Me acomodo detrás de ella, apunto con mi v***a y la penetro. Su primer gemido es música para mi oído. —Rápido —me dice—. No tenemos mucho tiempo. Es cierto. Estamos jugando con fuego. Pero la calentura hace que la idea de que Julián nos descubra sea una pavada. No dejaría de cogérmela por nada del mundo. Empiezo a menear mi pelvis, enterrando mi v***a despacio, pero aumentando la intensidad de mis embestidas cada vez que entro en ella. Estiro la mano y la agarro del cabello, mientras sigo moviéndome dentro suyo, sostenié

