Lo pensé un rato, y creí encontrar una respuesta. ¿Por qué Nadia se había molestado por las nalgadas que le había dado? Según decía, porque eso no estaba pactado. Pero bien que ella me había pedido que le levantara la pollera y masajeara su orto con fruición. ¿Acaso eso no me daba derecho a darle unos cuantos azotes? Evidentemente, ella no lo consideraba así. Quizás ese era el núcleo de la relación con papá. Él respetaba al pie de la letra los límites que ella le imponía. Sin embargo, ¿Eso no significaba que él era un sumiso? Supuse que a muchos hombres no les importaría ocupar el lugar de sumiso en una relación con una hembra como Nadia. Me acaricié la v***a. Como era de esperar, ya estaba hinchada. Pensé en la posición en la que me encontraba. ¿Cuántos hombres como yo darían lo que fuer

