—En primer lugar, no tengo por qué decirte con quién me voy a ver. Pero te lo voy a decir, para que no pienses estupideces. Voy a visitar a mi amiga Romina. Hace mucho que acordamos vernos. Además, todo el mundo infringe la cuarentena. Sos el único que conozco que se toma todo al pie de la letra. —Y una mierda —contesté—. En primer lugar, no te creo que vayas a ver a una “amiga”. En segundo lugar, no voy a dejar que traigas a ese maldito virus acá. Si cruzás esa puerta, no te voy a dejar volver. Y desde ahora, si tardás más de media hora en ir a comprar, te denuncio —le aseguré. Ella lo pensó un rato. Pareció que algo de lo que le dije le entró en esa cabeza de chorlito que tenía. —Está bien. Por esta vez me quedo. Total… la semana que viene ya no habrá tantas restricciones. Pero no me

