Le hice caso. Me subí a la cama, no sin esfuerzo, mientras ella buscaba una remera, ropa interior, y un pantalón de jogging que yo usaba como pijama. —Eso… eso fue por Érica —aclaré, refiriéndome a la eyaculación que mi madrastra había visto hacía unos minutos. —Lo entiendo. No tenés que darme ninguna explicación. Masturbate todo lo que quieras, siempre y cuando dejes el baño limpio. Me colocó el bóxer hasta las rodillas, pero yo hice el último esfuerzo para subirlo hasta la cintura, y que por fin me cubriera mi v***a que, para colmo, ya parecía querer despertarse en cualquier momento. Luego hizo lo propio con el pantalón y la remera. —No te preocupes. Yo te voy a cuidar —comentó después, para luego darme un beso en la frente. Nadia, semidesnuda, salió de mi habitación, y me dejó solo

