Después de media hora salió del baño, y por una vez se cubrió más el cuerpo. Aunque el jean que se había puesto de alguna manera la hacía ver desnuda. Como había dicho Toni, la prenda le calzaba como guante. —Mirá Leonardo —dijo, una vez que tomó asiento, cruzando las piernas—. Hay ciertas cosas de Javier que no conocés —dijo, refiriéndose a papá. —Tené cuidado con lo que vas a decir de papá —dije, indignado. —Tranquilo. No te pongas agresivo. Escuchame, y vas a entender de qué te hablo. —Bueno, hablá de una vez—la apremié. —Bueno… te voy a contar una cosa puntual de Javier. Vos quizás no te diste cuenta, pero él era adicto al juego. —¿Cómo? Lo estás inventando —dije, instintivamente, aunque no estaba seguro de que mintiera. Me constaba que le gustaba jugar a los naipes con sus amigo

