Mi odiosa madrastra 26

1683 Words

No hablamos mucho más que eso. Ella, al igual que yo, se veía ensimismada. En mi caso, me preguntaba si sería capaz de mantener una relación con alguien como Nadia. Una pregunta a la que no le encontraba respuesta. Mi madrastra, por su parte, no dejó traslucir qué era aquello que la mantenía sumida en la meditación. Aventuré a pensar que quizás, entre sueños, había sentido mi potente erección, y se había quedado con la duda de si yo me percaté de eso o no. Pero era imposible de saberlo. Volví a la cama, para recuperar las fuerzas que me faltaban recuperar. Tenía la esperanza de que al día siguiente ya me sentiría prácticamente normal. Sin embargo, el hecho de que estar acostado, sin tener sueño, me hizo divagar nuevamente sobre los sucesos de la última semana. Realmente parecía que habían

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