Día cuatro de cuarentena. En el noticiero ya se estaba corriendo la bolilla de que las restricciones iban a extenderse al menos una semana más. En ese momento me pareció bien. Un pequeño sacrificio para que todo mejore un poco, pensaba. Pero el encierro ya empezaba a incomodarme. Ese día me levanté a las ocho de la mañana, y fui a buscar el pan a la panadería de la esquina. A esa hora no parecía haber grandes controles, y de hecho, no había mucho movimiento en la calle. Así que, para despejar un poco mi cabeza, caminé un par de cuadras más, y recién ahí volví al edificio. Tampoco era que iba a estar una hora y pico por ahí, como había hecho Nadia. Cuando subía por el ascensor, chequeé mi cuenta de i********:. De pura curiosidad, busqué el perfil de Nadia. Comprobé que había subido tres d

