Lucas suelta una risa corta, y puedo ver el brillo de triunfo en sus ojos. Es un juego para él, pero también lo es para mí. Aunque no debería. Aunque sé que este juego es más peligroso de lo que puedo arriesgar. El silencio vuelve a apoderarse de la cocina. Su respiración es lenta, profunda, y puedo sentir su calor en mi propia piel. Mi cuerpo reacciona de maneras que no quiero analizar. El calor en mi sexo, el ligero temblor en mis piernas. No puedo evitarlo. Lucas es un imbécil, un machista y un soberbio, pero es la clase de hombres que se muestran tan seguros que terminan encantando a todos. Lo veo deslizar una mano sobre la mesada, sus dedos rozando el mármol con una suavidad que me desespera. —Es tarde —digo finalmente, rompiendo el silencio, aunque mi voz apenas se escucha. —Lo s

