—Y bien, ¿qué novedades hay? ¿Ha hablado con la policía?
—preguntó Miguel Dumott cuando Sebastian sentó a la mesa preparada para el desayuno. James observó al industrial por unos segundos mientras tras se servía café y no se le pasó por alto el aspecto demacrado que presentaba y el tono de ansiedad que reflejaba su voz. No habían hablado a solas desde que lo hicieran por teléfono dos días antes, y entonces no pudo darle demasiados detalles al respecto. Comprendía la preocupación del hombre y sus deseos de una pronta resolución, pero sabía que las investigaciones eran largas y sumamente lentas. Incluso en casos como este, a los que se otorgaba una prioridad especial en atención a las personas implicadas. Desearía informarle de la detención de los delincuentes, que su hija estaba libre de toda amenaza y que todos, principalmente él mismo, podían volver a su vida normal. Pero no era así y él era la persona que más lo lamentaba.
—Ayer estuve hablando con el inspector encargado del caso. Los miembros de la banda continúan en Caracas y no parecen mostrar ninguna actividad especial. Están investigando una posible pista que les lleve a la persona que encargó el trabajo, si es que la hay, aunque no tienen nada fiable de momento.
—¿De quién sospechan?
—preguntó Miguel con vivo interés. Sebastian meditó durante unos segundos sobre la conveniencia de referirle las sospechas de la policía.
—Se trata de Diane, ¿no es así?
—le apremió el industrial.
—No tienen ninguna evidencia de que su ex mujer sea la responsable o esté implicada en modo alguno. De todas formas, no desechan totalmente esa posibilidad y continúan con la investigación. Por el contrario, cada vez les parece más evidente la conexión entre Néstor Cruz, un antiguo novio de su actual mujer, con uno de los miembros de la banda de Los Panameños. Parece ser que se conocían de anteriores colaboraciones en su país de origen, si bien la policía no puede confirmar ese punto ya que las autoridades cubanas no se han mostrado demasiado colaboradoras hasta este momento.
—No conocía la existencia de esa persona en el pasado de Pam
—admitió Dumott. Sebastian se percató de la sorpresa y consternación que mostraba el rostro del industrial ante la revelación. Obviamente, el hombre no estaba totalmente enterado del escandaloso pasado de su adorada mujercita, pasado que Sebastian investigó al igual que al resto de personas de su entorno. Sintió pena por él. Comprendía hasta qué punto un hombre podía dejarse absorber por una mujer y olvidarse de todo lo demás. Miguel Dumott estaba seducido por la belleza de su mujer y desvelarle sus numerosas aventuras no le reportaría más que sufrimiento. Sebastian consideraba que el hombre ya estaba soportando suficiente dolor y él no iba a ser la persona encargada de aumentarlo. Si deseaba conocer más datos debería ir directamente a la fuente en cuestión. Aunque dudaba que la bella Pamela estuviese dispuesta a revelarle más de lo estrictamente necesario y, sobre todo conveniente para ella.
—¿Tiene más información al respecto?
—preguntó col voz estrangulada.
—Le mandaré un correo electrónico con el dossier que me facilitó la policía y las averiguaciones que yo mismo he realizado. Para el resto, deberá preguntar a la persona adecuada.
—Sí, deberé hacerlo
—convino con gesto abstraído. Quedó en silencio por unos minutos mientras su rostro mostraba una profunda mueca de dolor. Por fin, con un violento movimiento de cabeza con el que pareció ahuyentar sus tortuosos pensamientos, agregó—bien, espero que me mantenga informado en todo momento, y por el medio que considere más adecuado, no sólo de los avances de la investigación policial, sino también de los movimientos de mi hija y de las medidas que adopta para su protección.
—Le enviaré un informe detallado todas las noches y le llamaré por teléfono ante cualquier novedad importante a destacar
—le tranquilizó James.
—En ese caso me marcho ya
—se levantó, indicando a Sebastian con un gesto que no le acompañara y terminara su desayuno. Antes de salir se volvió y añadió—me han asegurado que dejo a mi hija en buenas manos. Espero que así sea.
—Puede estar seguro de que defenderé a su hija con mi propia vida
—respondió James con voz solemne.
—No dudo que lo hará. Y otra cosa, procure no ser demasiado duro con ella. Reconozco que puede llegar a ser exasperante a veces, pero es una buena chica que tuvo una infancia difícil y eso ha fomentado su rebeldía y su resentimiento. Espero que sea comprensivo con ella y lo bastante paciente como para que sus niñerías no le afecten demasiado
—añadió con un tono diferente al empleado hasta entonces, en el que se mezclaba la súplica y la determinación.
—Descuide, señor Dumott. Tengo experiencia en estos casos y seré todo lo paciente que requiera la situación. Miguel asintió con la cabeza y salió, cerrando la puerta a su espalda. Sebastian abandonó de golpe la apariencia de serenidad y profesionalidad que mostrara ante el empresario y su rostro dejó aflorar toda la tensión e incertidumbre que lo acosaban. ¿Por qué no tenía valor de sincerarse con el hombre? ¿Por qué no le pedía que cancelase su compromiso y acabar de ese modo con el tormento que sentía desde la tarde anterior, cuando la bella imagen de Karla se había mostrado ante sus ojos? Podría haber ideado cualquier excusa plausible para marcharse y alejarse de allí y, con ello, de la fatídica influencia que Karla ejercía sobre su estabilidad emocional. Pero había sido un cobarde al no querer reconocer su propia debilidad y ahora era demasiado tarde para volverse atrás. Había dado su palabra de protegerla y, por mucho esfuerzo de voluntad que ello le requiriese, estaba dispuesto a cumplirla. Terminó de desayunar y se dirigió al exterior de la casa, donde los dos escoltas del industrial le esperaban en el coche dispuestos para la marcha. Estaba dando las últimas instrucciones cuando apareció Dumott acompañado de su hija. James, como siempre que la veía, sintió cómo el estomago se contraía ante la contemplación de tan exquisita mujer. Llevaba un corto vestido de tirantes que se amoldaba endiabladamente a su torneado cuerpo, mostrando a la perfección sus generosas curvas. Su largo y sedoso cabello estaba recogido en una graciosa coleta, que dejaba al descubierto su elegante nuca. No llevaba maquillaje alguno y su bello rostro mostraba toda la lozanía de su exuberante juventud. Karla Dumott era toda una belleza y ella era consciente de su atractivo y del efecto que éste provocaba en los hombres, se encargaba de resaltarlo a cada momento. Sebastian vio la mirada de admiración masculina que los dos escoltas le dirigían y no pudo evitar sentirse molesto. Una reacción totalmente fuera de lugar, que sólo consiguió aumentar su irritación. Padre e hija se despidieron con un leve beso y ella entró en la casa mientras el industrial se dirigía al coche aparcado a pocos metros.
—Le llamaré cuando llegue a Caracas, Foreman —indicó Miguel a modo de despedida. Sebastian se adelantó para abrirle la verja de entrada a la casa y vio cómo se alejaba el coche por el camino. Tras asegurarse de que no ocurría nada extraño por los alrededores, se dirigió a la casa donde Parker se ocupaba de controlar los monitores.