Este, por el cargo que ocupaba, era el personaje idóneo para llevar a cabo la investigación de las personas incluidas en el listado. Hugh prometió encargarse de ello y facilitarle la información lo antes posible, por lo que él se dedicó a programar su auténtica tarea: la seguridad de su protegida. Llamó a un amigo y antiguo compañero, que dirigía una empresa de seguridad y escoltas, y le solicitó tres de sus mejores hombres: dos destinados a la custodia del industrial y su esposa y el otro para que le sirviera de apoyo a él. Al día siguiente recibió la llamada de Miguel Dumott para comunicarle que su hija no tenía
inconveniente en cambiar sus iniciales planes y volar directamente hasta Caracas y, de allí, trasladarse sin demora a la casa en Cape Cod. También le comunicó que se marchaba esa misma tarde a Londres para reunirse con Karla y pasar los días que restaban del curso en su compañía. De esa forma le explicaría detalladamente la situación y la tranquilizaría al respecto. Cuando su hija lo decidiese, se trasladarían juntos a Estados Unidos y la dejaría enteramente a su cuidado. Pensaba llevarse los dos escoltas que le había proporcionado esa mañana, ya que su esposa se hallaba en Los Ángeles y no regresaría en varios días. Le llamaría indicándole día y hora de la llegada del vuelo, para que estuviese esperándoles en el aeropuerto. Ya había llamado a Rose para advertirle de su llegada a la casa y pedirle que colaborase con él en lo que pudiese necesitar, dada la gravedad de la situación. Se comprometió a estar en contacto diariamente para recibir sus informes y ponerle al tanto de las posibles novedades. Por lo demás, le dio carta blanca para que adoptase las medidas que estimase más convenientes con el fin de garantizar la seguridad de su hija. James se trasladó a la mañana siguiente a Cape Cod con Parker, el escolta de apoyo, y entre los dos se ocuparon de dotar a la casa de un complejo y altamente sofisticado sistema de seguridad, que garantizaba la protección de Karla Dumott dentro de la casa y en un radio de cincuenta metros alrededor de ella. A James no le gustó la ubicación de la mansión de verano, en una especie de promontorio con vistas al mar, bastante apartada de sus vecinas y a varios kilómetros de la población más cercana. Desde ella se podía acceder, a través de un estrecho sendero entre dunas de fina arena, hasta una pequeña y aislada playa. La casa estaba rodeada de una extensa parcela ajardinada y, por suerte, protegida en todo su perímetro por una alta tapia de piedra y espinos de más de dos metros. En uno de sus extremos habían construido una amplia piscina y en el otro, y apartado de la entrada principal, se hallaban las cocheras. La casa era una construcción sencilla, aunque espaciosa, de principios de los años cincuenta del siglo anterior. Originalmente debió constar de una sola planta a la que, con posterioridad, se añadió una segunda con el fin de ampliar el número de habitaciones. Sebastian sospechaba que Dumott tenía la intención de crear una gran familia y para ello se proveyó espacio suficiente donde albergar a la numerosa prole que pensaba concebir. Tuvo que ser una gran decepción para él no ver cumplidas sus expectativas. Como temía, la casa estaba desprovista de alarma o medidas de seguridad, aunque sí contaba con todas las comodidades posibles. Rose, la encargada de cuidarla, era una mujer de más de sesenta años, amable y dicharachera, que desde el primer momento se mostró dispuesta a ayudar en todo lo que necesitase "para que a su niña no le ocurriese nada malo" y le facilitó un exhaustivo relato sobre la historia de la familia. Llevaba trabajando en la casa desde que los abuelos de Karla la construyeron, casi cincuenta años antes. Vivía en la cercana localidad de Hyannis Port y se trasladaba allí cuando venían los dueños de vacaciones. Tras la muerte de la madre de Karla la casa no estuvo habitada ni una semana seguida. Hasta tres años antes, cuando la joven decidió volver a pasar allí las vacaciones, de lo cual se alegraba mucho. Mary, su hija menor, y John, el marido de ésta, venían durante el día para ayudarle en las tareas y atender las necesidades de Karla y los
invitados que pudiera traer. A Karla le desagradaba la nueva mujer de su padre y esa era la causa, según Rose, de que se negase a pasar las vacaciones con ellos y hubiese decidido volver a la casa de su madre, que ella había heredado, lo que ocasionaba que apenas se vieran unos pocos días en todo el año. Además, era demasiado mayor para ir a los campamentos de verano a los que antes siempre la enviaban. A pesar de su propensión al cotilleo, Rose le pareció una persona honrada y fiel
—cosa que después confirmaron los informes remitidos por su tío—y una firme aliada para salvaguardar la integridad de su protegida. Aparte de la información relativa al personal de servicio, Hugh le envió un amplio dossier de varias personas directa o indirectamente relacionadas con Howard Van Deusen y su hija entre las que, estaba convencido, se hallaba el instigador del delito que se planeaba cometer. Dejando aparte varios personajes importantes del mundo de las finanzas y potenciales rivales del industrial en varios negocios, Sebastian había seleccionado a tres personas. En primer lugar estaba Diane Bosworth, la ex esposa del financiero, mujer visceral y vengativa que podría haber tramado el plan, no sólo para conseguir un dinero extra al obtenido con el divorcio, sino también para vengarse del hombre que la humilló. La policía especulaba con ello debido a que últimamente se estaba relacionando con individuos poco recomendables. En segundo lugar se hallaba Néstor Cruz, un emigrado cubano residente desde hacía varios años en Miami y que tuvo en el pasado una intensa relación con Pamela Martin, hasta que ésta le abandonó por el rico industrial. Los mismos motivos podían impulsar al cubano que a la ex mujer. La circunstancia de que varios componentes de esa banda fuesen de origen caribeño señalaba a Cruz como un buen candidato. Por último estaba Eric Miller, un primo lejano de Karla por parte de madre. Según los informes que tenía en su poder, el joven abogado era adicto al juego, afición que parecía haber heredado de su padre. Éste acabó dilapidando la escasa fortuna de la familia en las salas de juego y los malos negocios. A su muerte sólo pudo dejar deudas, lo que obligó a su mujer a vender todo su patrimonio y a su hija a abandonar los estudios y a ponerse a trabajar. Imaginaba que Elizabeth, la madre de Eric, debió solicitar la ayuda de Dumott y éste se la facilitó, así como un empleo para sus dos hijos en una de sus empresas con sucursal en Carcas, ciudad en la que residían. Aunque nada hacía sospechar la implicación de esta persona, James sabía que la adicción al juego, al igual que cualquier otro tipo de dependencia, podía ser la causa de nefastas tentaciones por conseguir dinero fácil con el que continuar el vicio o pagar a los acreedores. Eric Miller no estaba en el grupo de sospechosos de la policía, entre otras cosas por no tener motivos aparentes para querer secuestrar a su prima y, además, por vivir en otra ciudad. Pero Sebastian no pensaba descartarlo totalmente y encomendó su vigilancia a un detective privado. De los demás se encargaba la policía, la cual lo tenía al tanto de las novedades.