Ludmila Me quedé abrazada un rato más a mi hermana mientras me acariciaba con sus manos mi espalda, era una caricia, con cuidado y cariño, sus labios besaban mi frente cada una cantidad de tiempo. Me llevó hasta el sillón y nos acomodamos ahí en silencio. — Bien – elevo la voz - Ahora dime ¿qué fue lo que pasó? – la mire – Pero necesito que te calmes y me digas quién te hizo daño. — No vas a matar a nadie Ana – la mire seria y ella subió sus hombros. — No voy a matar a nadie – para un segundo antes de hablar de nuevo – Aún, al menos que se lo merezca – explica – Necesito las dos versiones de la historia. — ¿Las dos versiones de la historia? – junte mis cejas – ¿Con la mía no basta? — Bueno, tú suele ser un poco temperamental – hizo la seña con los dedos – No razonas y act

