Leonardo Sus ojos no se alejaban de los míos, la observe unos minutos, su cuerpo seguía relajado, pero su mano se había acomodado al lado de la navaja, no la tocaba, pero tampoco se apartaba de ella, era como si esperara el momento adecuado para clavármelo y lo peor de todo esto que tendría que pelear contra la hermana de mi mujer, sabiendo que si le hacia algo Lud me iba a odia, sabiendo que mi mujer me mataría. — Parece que tienes que pensarlo mucho, eso no es bueno – suspiro. — No es eso, simplemente pretendo que me dejes terminar de habla sin clavarme aquello en alguna parte de mi cuerpo – señale con mis ojos el objeto metálico – Porque eres su hermana y no puedo dañarte, eso haría que ella me odiase y no creo que pueda vivir sin Ludmila. Sus dientes asomaron con una gran sonri

