Anónimo. — Jefe su padre está en la ciudad – la puerta se abrió de golpe – ¿Quiere que nos encargamos de él? Miro a mi hombre en silencio, se veía igual que cualquier otra persona, común, corriente, pero era letal, era lo bueno que tenía, podías cruzártelo por la calle y no te darías cuenta de que era un asesino, aunque no se comparaba con él. Sabía jugar mis cartas, sabía que en el campo de batalla contra ellos yo no tenía ventaja ni siquiera oportunidades por eso me encontraba aquí, desde las sombras esperando un momento adecuado para atacar. — No – junte mis manos – Ya te dije que él no es el blanco, su hija sí lo es. Gire mi rostro para mirar la foto de Ludmila en mi pared, en cada imagen ella está acompañada con cada persona que era cercana a ella, sabía su círculo de amigos,

