Ludmila Camine directo al jardín asegurándome de seguir la risa de mi hermana y los demás, el salón era enorme y me sentía como una idiota al darme cuenta de que no había ido ni una sola vez afuera, pero mi hermana ya había conocido el lugar antes que yo. Salí por la puerta directo al patio y mire a todos lados, mi hermana estaba en una de las sillas que había en una mesa redonda seis metros más allá, tenía cartas en la mano y una sonrisa maliciosa en el rostro. Estaba jugando póker. Su mirada se desvió un poco hasta dar con mi rostro y me guiño un ojo antes de volver a mirar a los hombres de Leonardo. — Me pagan, volvió – estiro la mano – Una hora justa, sexo y sonrisa – subí mis cejas y los mire. — ¿Apostaron a que me acostaba con su jefe? – cruce mis brazos. — Ella insistió

