Ludmila Observé a mi hermana y luego volví a mirar a el sujeto que tenía entre medio de mis brazos, la sangre había compensado chorrear por su cuello mientras que mi mano mantenía la presión del cuchillo, apreté mis dientes, tomé aire y maldije mentalmente al menos unas tres veces. — Parece que te salvo la campana lacrita – siseo con enojo mientras separaba el cuchillo de su cuello. – Hoy no vas a morir, siéntete afortunado. Su pecho se movió frenético, comenzaba a respirar agitado, lo que era un claro indicio de su miedo, estaba muy segura de que estaba a punto de orinarse encima. Espere que dijera algo, pero se quejó de dolor y tembló, podría preguntarle si se hizo encima, pero a él me iba a mentir y yo no iba a tratar de corroborarlo. Así que simplemente aflojé mi agarre de su cue

