Ludmila Bajé tranquila del auto directo a la cafetería, mis manos sujetaban solamente mi teléfono móvil, era lo único que traía, todo esto porque Leonardo no me dejó tomar nada antes de secuestrarme. Nunca imaginé que los secuestro podrían ser tan divertidos, a mis padres los habían secuestrado, a los dos, a mi madre su padre, Aric, mi abuelo, la secuestro para asesinarla, lo típico – nótese el sarcasmo – A papá no lo secuestraron, no como es la definición de secuestro, sino que él fue a buscar a las personas que lo querían matar, sí, no hay lógica en nada de eso pero bueno ellos son así. En fin, este último terminó en un sótano con los matones de su padre – mi otro abuelo – por cuenta propia, de eso obtuvo una de sus cicatrices en el abdomen, manos manchadas de sangre y quizás alguna q

