Leonardo La cena pasó tranquila, comimos entre charlas triviales donde ella me contaba alguna de las travesuras que hacía de niña y yo le contaba alguna de las mías, me habló de los perros que tenía en casa y yo le conté de aquel que conseguí después de rogarle mucho a mis padres, obvie la parte donde mi insistencia fue por uno que no estuviera entrenado para atacar, quería mi propio perro, uno que no siguiera órdenes de más nadie excepto mías, luego cuando creció y se fue decidí no volver a adquirir uno. Tal y como lo prometió Margaret terminó de servirnos el postre y se fue la casa, estaba asumida en un silencio que hacía mucho más escuchado, era tranquilizador, como un augurio de paz, me gustaba porque estaba acostumbrado a que todo el tiempo hubiera gente merodeando y ahora solo nos

