Capitulo 6.

1538 Words
Salí de de la habitación y volví a la cocina, Carlota me regañó por tardar tanto, me mandó mover algunos muebles del salón junto a Sisi, pusimos algunas mesas y muebles minimalistas, Sisi, mi hermana y yo decoramos el lugar siguiendo instrucciones de Carlota. Todo quedó muy bien, pero aún no me sacaba de la mente el ¿Por qué rechazo a Zack? Si después de todo se ve que le intereso, es lindo, gracioso y se ve que es buen chico. —¡Gabrielle! —gritó Juliette sacándome de mis lagunas mentales. —¿Por qué me gritas? —pregunté tapándome mis oídos. —¡Porqué te hablo y no contestas enana! —Bueno ya respondí, ahora dime ¿Qué quieres? —A ver si te concentras, ven debemos cambiarnos el uniforme y estar listas para recibir a los invitados, de la cena. —¿Cuál cena? Esto más bien es fiesta. —Intervino Sisi de manera jocosa. —Lo que sea ya vamos, o se nos hará tarde. ••• Ya cambiadas, con ese feo vestido n***o y zapatos del mismo color pero de tacón, mi hermana, Sisi y yo estábamos listas. La primera en llegar fue la dueña de la casa, que subió rápidamente para arreglarse venía directo del aeropuerto, pues llevaba una larga temporada en Italia. Luego Luck y Abel al verlos me alegré no los veía hace casi un año, desde que terminaron la preparatoria y comenzaron su gira y sus estudios universitarios, no los ví pensé que Helios vendría con ellos pero así no fue. Quería abrazar a los chicos, decirles que los extrañé, pero si lo hacía Carlota me regañaria. Los siguientes en llegar fue el embajador Tanner Harper y la doctora Kate Parker, amigos de la señora Valentina y su fallecido esposo Luciano Lombardi. Los siguientes en llegar fueron tres hombres, desconocidos para mí. Pero eran de la productora que llevaba el grupo Nova Star Light. El tiembre sonó de nuevo, al abrir quedé fría era nada más y nada menos que Zack Gardner en persona. —El mundo es un pequeño y lindo pañuelo. —Dijo el joven de mirada índigo. —¿Qué haces aquí? —pregunté ignorando cualquier intento de coquetería. —Nada gatita guarda tus garras, no te acoso, si eso crees te dije tenía una cena y el lugar casualmente es aquí. —Decía Zack defendiendose y no quedar como un acosador. —Si espero y disfrutes la noche. —¿No dirás nada? —cuestionó el muchacho. —Not. —Tú estás aquí por Trabajo ¿no? —Si. —Bueno yo también, si me disculpas debo abrir alguien toca el tiembre. —Allí estaban Helios y Lara y junto a ellos un muchacho rubio de mirada esmeralda igual a la pelirroja. —Hola Gabi, tiempo sin verte. —Saludaba Lara con una sonrisa radiante, lucía preciosa con un vestido rosa pastel y su cabello pelirrojo suelto. —Hola señorita Lara. —Saludé con cortesía y distancia. —¿Y a mí no me saludas Gabrielle? —empero Helios arqueando una ceja. —Oh si disculpe joven Lombardi bienvenido a casa. Al oír aquellas palabras tan frías de su amiga de infancia, para Helios fue inevitable fruncir el seño por tal actitud ¿Acaso ella estaba molesta con él...? —Gabi ya no eres una niña, estás preciosa, te presento a Cole Spencer, es mi hermano mayor y único familiar. —Un gusto joven Spencer, espero sea de su agrado está noche. Helios que estaba a punto de refutar, e ir tras la pelinegra, pero su intento fue frustrado, porque su madre fue más rápida y logró interceptarlo y abrazarlo efusivamente. —¿A dónde vas hijo? —¡Mamá! ¿No estabas en Italia? —No hijo en cuanto Artemis, me contó el gran paso, que darás dije que mi lugar es a tu lado. —Pero madre nadie puede saber. —Si hijo se lo del contrato, pero hablé con los de la disquera y acordé un contrato de confidencialidad, solo invité a Kate y a Tanner que son como mi familia. —¿Y a tía Isotta? Mira que no quiero que haga sentir mal a Lara, igual que lo hizo con Sofía y Artemis. —No hijo Isotta no fue invitada, puedes estar tranquilo sabes Luciano estaría orgulloso de ti y de Artemis, sus dos hijos. —Madre no es momento de ponerse melancólico, vamos a disfrutar. La noche iba tranquila, llevaba champagne a los invitados, en ocaciones compartí palabras con Abel y Luck, este último se veía ansioso y atento a su celular. La celebración se sentía amena, alegre, todos disfrutaban y charlaban de temas banales de conversación, incluso Sofia se veía de ánimo, la cena llegó y todos los invitados, tomaron asiento en la amplia mesa para degustar, la exquisita cena. A mitad de cena, Helios hizo sonar una copa, seguida de un carraspido, así obtuvo la atención de todos los presentes reunidos esa noche. —Me alegra que personas, tan significativas para mí compartan está noche tan importante a mi lado. —Él rubio tomó la mano de Lara, para que está se levantara de su asiento. —Lara hace poco, más de tres años, tú me hiciste el hombre más feliz del mundo me dijiste que si amor. Estaba nervioso, tan o más nervioso de lo que estoy ahora, se que somos jóvenes y también se que no le agrado nada a tu hermano. —Helios reía de manera nerviosa y Cole lo fulminaba con la mirada. —Pero aún así se que estamos listos, eres la mujer con la que quiero pasar el resto de mi vida, es por eso que hoy frente a las personas más importantes en mi vida; te pido que te cases conmigo, por favor Motoki no me mates. La mirada jade de Lara se volvió cristalina, con semejantes palabras tan emotivas, para ella no era problema casarse tan joven al contrario, esperaba ansiosa este momento, pero nunca imaginó, que pasaría tan pronto. —Si estrellita, una y mil veces te diré que si, te amo Helios Lombardi y nunca me cansaré de decirlo. —Todos aplaudían y felicitaban a los novios. Abrazaba con fuerza, la charola, que tenía para servir a los invitados, sentía que el aire me faltaba, era esa promesa de matrimonio el golpe que necesitaba; para terminar de destruir mi maltrecho corazón. —Duele Gabrielle pero necesitas escuchar, esto y dejar de guardar absurdas esperanzas en tu corazón, necesitas dejar de ser tan estúpida. —Me dije a mi misma en un susurro, dos lágrimas gruesas bajaron, mojando mis mejillas. ••• La cena acabó, solo quedaba el servicio, limpiando, lo que había sido esa noche. Eran casi las dos de la mañana, Sisi y mi hermana se fueron a dormir cansadas, yo seguí allí en la encimera, aún con mi uniforme solté mis coletas, fui al refrigerador por algo de leche, tenía un dolor de cabeza nada normal serví un vaso de leche y me senté a tomarlo. Nuevamente estaba, él allí frente a mí recostado, a la pared, mirándome con sorpresa. —¿Ocurre algo? —pregunté inocente mirando a los lados, buscando aquello que esos ojos azules miraban de manera acusadora. Él caminó hasta la encimera, puso sus brazos encima del frío mármol, para examinar a la muchacha frente a él. —Eso quisiera saber yo Gabrielle ¿Ocurre algo? —No nada ¿Por qué joven Lombardi? —me costaba sostenerle la mirada me desarmaban ese par de ojos azul zafiro, pero no me iba a echar atrás con mi decisión, de echar tierra a este amor no correspondido. —¿Por qué demonios no me llamas por mi nombre? ¿Por qué la etiqueta y la estúpida distancia? Habla ya me está hartando este juego tuyo tan inmaduro. —¿Qué juego? —seguí igual no podía doblegarme debía poner una barrera, una brecha enorme, si quería quitar a Helios de mi corazón. —¡Ah este juego estúpido! De tratarme, con tanta etiqueta, tan fría, tan distante, Gabrielle somos amigos, eres como mi hermanita pequeña. —Joven Helios ya no somos unos niños, crecimos y mi hermana tenía razón, no debí ser tan atrevida con usted mil disculpas, le ruego y respete mi decisión por favor. —Me levanté como resorte y fui directo a el pasillo de las habitaciones de servicio. Helios molesto fue tras la escurridiza pelinegra, este fue más rápido que la muchacha y la tomó de la muñeca. —¡Ahora te jodes y me explicas que carajos te pasa gabrielle! —su mirada cubierta bajó su largo cabello azabache, cubría las lágrimas que brotaban de la mirada celeste de la muchacha. —Suelteme por favor. —Pedí en un hilo de voz. —¿Ocurre algo? —preguntó Sisi, que despertó por unos ruidos y frente a ella estaba uno de los dueños, de la casa tomando a Gabrielle de la muñeca. El muchacho la soltó y está salió disparada, a su habitación, ignorando a todos seguro Sisi le pediría explicaciones y quizás se las daría, pero ahora solo quería dormir y no pensar...
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