Alma Estaba acostada cuando él me atrajo hacia su pecho. Me besó la boca con calma primero, como si todavía pudiera echarse atrás. Yo no me eché. Le abrí los labios. Su mano se metió bajo la camiseta, subió, me llenó el pecho. Jadeé. Harry se incorporó un poco. Me quitó la camiseta despacio, por la cabeza, y me dejó desnuda de cintura para arriba. Me miró. No como en el baño del internado: como quien ya no tiene que robar el momento. Se inclinó y me besó los senos. La boca caliente. La lengua en el pezón. El otro lo apretó con la mano, suave primero, después más firme. Me arqueé. Le agarré el pelo. Él lamió, chupó, dejó la piel húmeda y sensible. Pasó de uno al otro como si tuviera toda la noche, porque esta vez sí la teníamos. —Harry… —susurré. Bajó. Me besó el vientre. El tatuaje

