Me quedé estudiando toda la tarde. Los apuntes se me pegaban a los ojos y la discusión de la biblioteca volvía cada dos párrafos. Llegó Leah, se tiró en su cama y empezó a usar el celular, riéndose bajito de no sé qué. Yo no pregunté. Tampoco quería hablar. Cuando llegó la hora de cenar, bajamos juntas al comedor. Yo tenía cara de sueño. El uniforme un poco arrugado. El cabello suelto. Ni siquiera había pensado en Harry hasta que lo vi. Se puso frente a mí. No dijo “perdón”. No pidió permiso. Me tomó la cara con las dos manos y me dio un beso delante de todos. El comedor se calló. Tenedores. Susurros. El roce de una bandeja. Gwen, en alguna mesa. Alessio. Santiago. Las monjas al fondo. Will, con los ojos abiertos. El beso no fue largo. Fue claro. Público. Imposible de esconder detr

