Llegaron a un café bastante concurrido en el centro de la ciudad, los visitantes en su mayoría, parecen personas trabajadoras que decidieron relajarse al final del día. Todos mayores, la única joven es la chica que le hace compañía a Ariel. —Tome asiento —Ariel la insta cuando el mesero se retiró para llevarles la carta. —Gracias —Le dice la chica con cierto temor. —Deje el susto, no le haré nada —Asegura Ariel observándola fijamente—. Anuel era mi hermano. —¿Hermano? Nunca dijo tener familiares —Comenta la chica con aprensión—. Estudiaba con él. Solíamos hacer los trabajos grupales juntos. Éramos él, Sebastián y yo. —¿Sebastián? ¿Quién es? ¿Dónde está? ¿Estaba allí cuando usted me vio? —Le pregunta Ariel dejando fluir las interrogantes que surgieron en su cabeza. —Sí, sí estaba allí

