Era sábado por la mañana ya y aunque estos últimos tres días lo habíamos pasado muy bien, nos tocó volver antes, esta mañana antes de que siquiera despertáramos, Allen llamó a mi esposo informando en un tono de voz preocupante, que el señor Efraín había sufrido de un paro cardiaco. En este momento vengo sentada en el asiento del copilo, mientras observo a Tony, sacarle la mirada de encima no estaba en mis planes, sus manos apretaban con fuerza el volante y su ceño iba fruncido, sus ojos por más que estuvieran acumulando lagrimas las mismas no caían y era algo que me tenía preocupada, él no me había dejado conducir, pues aún no supero mi accidente, pero en casos como estos estoy dispuesta a todo, un suspiró salí de entre sus labios y me miró rápidamente, antes de mirar de nuevo a la carrete

