Capítulo 3 Fuera de control

1515 Words
¡Ringg! ¡Ringg! Abrí mis ojos de golpe al oír el estridente sonido del despertador. ¿Espera? ¿El despertador?. Parpadeé varias veces mirando a mi alrededor, los cálidos rayos de sol que cruzaban la ventana estorpecían mi visión, hasta que mi vista se fue acostumbrado al brillo y pude ver con más claridad. Me encontraba en mi habitación, y efectivamente era el despertador lo que estaba sonando. Alargué la mano para apagarlo. No recuerdo haber vuelto a la habitación anoche, que raro. Siento como si hubiera tomado una gran dosis de somnifero, tengo una pesadez en el cuerpo y la vista algo empañada. Me levanté, lavé mi rostro y cepillé mis dientes. Puse una jarra con agua en la cafetera mientras me daba un baño de agua fría. Al salir retiré el agua, le agregué un poco de agua de jengibre, el zumo de 3 limones, 1/2 cucharada de sal y un poco de Estevia líquida. Es una infusión que suelo preparar para iniciar el día con energía, o en cualquier otro momento que me provoque. Además de ser deliciosa, reduce el estrés. Luego de vestirme y terminar de alistar mis cosas, alguien afuera de la habitación tocó la puerta. Abrí encontrándome con el hombre alto de cabello oscuro azabache, con una leve sonrisa en los labios cerrados. —Buenos días señor— Saludó Giles con cierto tono de entusiasmo en su voz. —Buenos días Giles— Le devolví la sonrisa —Veo que ya está casi listo para partir— Dijo observando la maleta que yacía sobre la cama. — Así es, ya estoy listo. 《Bien, ha llegado la hora》 Giles y yo volamos hacia la entrada principal del Palacio, donde nos esperaban el Rey y los escoltas, situados junto a la Blended Wing plateada que me llevaría a la tierra. Una imponente nave aerodinámica con fuselajes alares que permiten una mayor elevación, rapidez y potencia. Por el momento sólo son de uso oficial, son el modelo más moderno actualmente. — Agsen, sobrino buen día— Me miró el Rey esbozando una sonrisa y tendiendo sus brazos hacía mi. —Buen día tío— Sonreí también —Ha llegado el momento, ¿estás preparado? —Es mi segundo nombre tío, así que la respuesta es sí. —Claro que Si, estoy seguro que harás un bueno trabajo— Hizo una pausa y entornó los ojos pensativo— No en vano eres hijo de Izan Blau. — Gracias señor, prometo que no lo voy a defraudar — Lo sé, no cabe la menor duda. —¡Su Majestad, estamos listos para abordar! Exclamó Luping acercándose a nosotros. Giramos levemente hacia la nave y está ya estaba encendida. De las cuatro turbinas inferiores emanaba un incandescente color rojo a medida que la blended wing se elevebaba a unos pocos centimientros del suelo. — Bien, hora de despedirnos— dijo el Rey— Espero pronto recibir noticias tuyas. —Claro que si señor, en cuanto pueda me comunico con usted. —Te d***o mucha suerte Agsen— El Rey me dió un abrazo, al cual yo correspondí con afecto. Al instante nos separamos y tomé mi maleta que estaba en el suelo. —Le ayudo con eso Señor— Dijo Luping Acepté su ayuda y me adelanté a subir a la nave. Por dentro se veía mucho más amplia y acogedora. Tenía asientos acolchados y reclinables, aire acondicionado, estantes superiores para cargar el equipaje, vidrios ahumados color azul eléctrico, además de contar con todas las medidas de seguridad adecuadas como extintores y salida de emergencia. —¿Cuál es el destino señor?— Preguntó Rumus desde el asiento del piloto —Al extremo norte de América del Sur, específicamente a Curitiba- Paraná en la región sur de Brasil— Respondí sonriente —Excelente, allá vamos. Activaré el sistema de coordenadas Rumus puso en marcha la nave inmediatamente, comenzamos a ascender poco a poco hasta que no quedaron rastros de las nubes en el cielo. Arribamos en un azul marino intenso repleto de estrellas centellantes y cruzamos el puente arcoiris que conectaba mi mundo con el mundo de los humanos, una luz incandescente afloró y nos cubrimos los ojos a medida que la ráfaga de viento nos arrastraba a otro plano del universo. Nos sujetamos a los asientos sintiendo la incómoda sensación de estar cayendo hacia el vacío y en cuestión de segundos ya no estábamos en Terástia, había vuelto a salir el sol y el cielo era azul claro. El viaje iba transcurriendo bastante tranquilo, solo veia a kilometros el hermoso azul del interminable firmamento. Disfrutaba del viaje, de la vista, sentía un agradable cosquilleo en el cuerpo, estaba ansioso por llegar a mi destino. No podía dejar de preguntarme que cosas ocurrirían una vez allá. Derrepente fruncí el ceño al darme cuenta de un repentino cambio climático, un montón de densas nubes oscuras surcaron el cielo antes claro y soleado. Se escuchó un gran estruendo que dió paso a las enormes gotas de lluvia que comenzaron a caer furiosas. A unos pocos metros de nosotros se empezó a formar un gran remolino en cuyo centro brillaba una incandescente luz amarilla. —¡Rayos! ¿Pero que es Eso?— Exclamé totalmente desconcertado. Hace un momento el clima era perfecto. —¡Oh cielos!— Dijo Luping— ¡Activa el protocolo de seguridad! —¡Eso intento pero el sistema está fallando! —¡Tienes que desviar el curso de la nave! — Gritó Luping por encima del ruido ocasionado por está especie de tormenta eléctrica. Los relámpagos iluminaban el cielo haciendo un estruendoso eco y amenazando con aterrizar en la nave. Mis manos en la cabeza revelaban mi desasosiego. Esto es terrible, hay que salir pronto de aquí o la nave será absorbida por ese remolino. ¿Acaso esto podría ser peor?. mascullé para mi mismo. Tan pronto dije eso las luces de la nave comenzaron parpadear y la alarma de seguridad se activó. ¡Rayos! Tenía que decirlo —¿Ahora que está sucediendo?— Pregunté —¡El sistema sigue fallando!— Respondió Rumus a medida que la nave comenzaba a tambalearse cada vez más fuerte— Estoy perdiendo el control. ¡Sujetense fuerte! ¡Cielos! Esto no puede estar pasando —¡Tenemos que hacer algo!— Gritó Luping. Entonces sucedió algo que no esperaba, la nave dió un giro de 350 grados. Mis ojos se abrieron como platos. Todo sucedió como en cámara lenta, incluso nuestros graves y agudos gritos. Pero no terminó allí, siguió girando. Entonces una idea vino a mi mente. —¡Desabrochen sus cinturones de seguridad!— Grité a Rumus y a Luping —¡¿Que?! —¡¿Estás loco?! —¡Tenemos que salir de aquí!— Volví a gritar— háganme caso. Dicho esto comencé a palpar la puerta en busca del botón que abría la salida de emergencia. Seguíamos girando. Oprimí el botón y la enorme puerta se abrió. Salí de la nave como pude, un poco aturdido por los giros, pero me recuperé rápidamente. Observé el panorama, no Lucía nada bien. Por suerte los Homplus podemos controlar el clima. Intenté disipar las nubes para que cesara la lluvia, pero tal parece que mis poderes no ejercían ningún efecto sobre ellas. Fruncí el ceño extrañado, esto no puede estar pasando. Talvez si logro disolver el remolino... Todo vuelva a la normalidad. pensé Me coloqué de frente hacia el remolino, puse todo mi esfuerzo en intentar disolverlo y así acabar con esta tormenta. Pero algo más extraño ocurrió. Un rayo se salió disparado del centro del mismo y aterrizó sobre mi, era como si me estuviera atacando, pero lo más increíble fue el efecto que causó en mi. Mis alas se detuvieron, dejaron de aletear. Intenté moverlas pero estaban paralizadas, rígidas. Comencé a desplomarme rápidamente, el pánico se apoderó de mi, esto nunca me había sucedido. Por más que intentaba no lograba hacer que volvieran a moverse. Seguía cayendo en picada a una velocidad increíble, sin poder hacer absolutamente nada. Sentía el suelo cada vez más cerca. Al cabo de varios minutos ya a escasos metros del suelo, mis alas recuperaron su movilidad. No lograba entender que había sucedido, fue algo muy raro. Aún aturdido por lo que había pasado, escuché algo a lo lejos, era esa melodía otra vez, esa canción. La brisa de verano, el cielo es azul. Contigo estoy confiado, aunque cese la luz Giré rápidamente buscando algún indicio, alguna señal de la procedencia de aquella voz. Pero nada, el lugar parecía completamente desolado, no había ni una sola persona en alguna de esas largas calles curvas y transversales. Y había un silencio espantoso, casi podía escuchar a las ardillas comer sus nueces en los árboles. Pero aún así podía escuchar muy fuerte esa canción. Luego un grito llenó mis oídos. —¡Agsen!— era una voz femenina Miré en todas las direcciones posibles, pero no había nadie. —¡Agsen!— Escuché nuevamente— ¡Agsen! ¿Me estoy volviendo loco?. Me pregunté
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