Mi mamá me miraba con burla; era algo a lo que me había acostumbrado. Pero realmente en estos momentos me preguntaba si realmente tenía la razón, porque no quería hacer el ridículo en la graduación y especialmente delante de Felipe. —Deja de perder el tiempo, quiero que me des un masaje en los pies; la mujer que he contratado es una bruta. Tú también lo eres, pero en menor cantidad, así que mueve tu trasero y deja de jugar a la estilista porque pareces una niña de cinco años con maquillaje de élite. —Mamá, en serio que ya me encuentro cansada de todo esto. En estos momentos no tengo tiempo para hacerte un masaje, así que te voy a pedir de la manera más amable que me dejes tranquila. —Mira, chiquilla —mi mamá me jaló de mi cabello—, no te estoy preguntando si puedes venir o no, te estoy

