No me gustaba discutir con mi tía; supe que si me quedaba más tiempo ahí, lo único que iba a hacer era terminar peleando con ella y no lo quería.
—Si me disculpas, tía. Tengo que ir a buscar a Rachel.
Salí de la mansión con una gran opresión en el pecho. ¿Y si mi tía realmente tenía la razón, al igual que Rachel? No, no podía ser; Felipe había hablado conmigo de otras cosas, no todo había girado en torno al sexo.
—Debo dejar de lado los pensamientos que ellas me meten; Felipe es bueno y no merece que dude del amor que me dice tener. Él me ama, me lo dijo y sé bien que es sincero.
No podía creerme todo lo que mi tía en conjunto con Rachel me decían; ellas solamente se encontraban preocupadas por mí y no era algo que se pudiera evitar.
Manejé rumbo al apartamento de Rachel; cuando llegué y toqué el timbre, fue su marido quien me abrió la puerta. La sonrisa que tenía terminó por desaparecer y su enojo fue evidente.
—¿Qué es lo que quieres, Aaliyah? En estos momentos Rachel se encuentra atendiendo a una amiga, así que no tiene tiempo para ti; vete de una vez.
Sabía bien que Robert era bastante arisco cuando alguien lastimaba a su esposa y no lo podía culpar porque, cuando estaba tan enfadado, posiblemente el llanto había sido fuerte. Iba a irme; al final de cuentas, nada iba a lograr.
—¿Quién es, cariño?
Fue entonces que Rachel abrió la puerta; ella sostenía una copa en la mano y, al verme, alzó las cejas con interés; en cambio, yo solamente supe bajar la cabeza.
—Hola, Rachel —me mostré apenada—. Yo he venido a…
No terminé la frase cuando unos brazos amables me rodearon. Rachel me dió un beso en la mejilla y pude sentir que su trago se derramaba un poco debido al impulso que hizo al abrazarme.
—Me tenías en hola, no tienes que decir nada. Te amo, tontita y siempre te voy a perdonar.
Su amabilidad me hizo llorar; cuando ella miró mis lágrimas, se quedó un poco sorprendida y rápidamente le dió la copa a su esposo.
—¿Acaso Felipe te hizo algo? Solo dime y le diré a Rob que vaya a darle una lección; a ti nadie te hace llorar y se queda en pie.
—No es eso, es solo que eres demasiado buena —sequé mis lágrimas con el dorso de mis manos —me porté fatal contigo y vienes a tratarme de esa manera.
—Cariño, tú tienes un corazón de oro. En serio que sí, solamente estoy retribuyendo la bondad con la que un día me trataste.
Rachel me hizo pasar a su apartamento y ahí pude ver que se encontraba una mujer sumamente hermosa que dejaba de lado su celular mientras sostenía una copa idéntica a la de Rae.
—¿En serio la has perdonado tan fácil? —ella me miró con completo desagrado —no puedo creer que seas tan blanda de corazón.
—Michelle, por favor —Rae frunció el ceño con molestia —si conocieras a Aaliyah te darías cuenta y me entenderías del motivo por el cuál es que la estoy perdonando tan fácil. Esta chica tiene un corazón muy raro de encontrar, confía en mí palabra.
—No lo creo, además lloraste día y noche según lo que Robert me dijo. Es por eso que me pidió que viniera a pesar de que sabes muy bien que tengo una agenda sumamente apretada.
—Es suficiente, si me encuentro casada con Robert es gracias a Aaliyah.
Cuando Rae dijo esto fue un silencio total, tanto Michelle como Robert me quedaron mirando. Me sentí totalmente incómoda ante la situación.
—Creo que mejor me voy, no he venido en un buen momento —toqué el brazo de Rae —de igual manera ya cumplí mi objetivo y fue que tú me perdonaras.
—No, Aaliyah —Rachel me detuvo del brazo —sé bien que te prometí que no iba a decir nada, pero es justo que Rob sepa que gracias a tu intervención fue que yo decidí casarme con él. Porque de lo contrario, jamás hubiera dado un paso hacia el altar.
—Rachel, por favor no hagas esto que me estoy sintiendo incómoda. Lo mejor es que me vaya de aquí porque evidentemente no soy bienvenida ni por tu esposo, ni por tu amiga.
Salí de ahí, no quería que Rae dijera tal cosa. Ella tenía tantas dudas con aceptar a Robert como esposo, mi querida prima que todo lo sobrepensaba, en serio que si había hecho esto era porque sabía perfectamente que al lado de este hombre iba a ser feliz.
Subí en mi carro y fui a casa, ya había logrado lo que tanto quería y era obtener el perdón de Rachel. Del resto no importaba, aunque de alguna manera me sentía contenta de que ella tuviera tan buenas personas a su lado.
—Cariño —mi papá me miró llegar, él se encontraba sentado en una esquina de la sala mientras leía su diario —pensé que ibas a venir un poco más tarde, ¿Has encontrado a Rachel? ¿Qué tal te ha ido?
—Pues la he encontrado y logré mi objetivo, pero tal como puedes imaginar pues a Robert no le hizo mucha gracia mi presencia en su apartamento. También tengo que decirte que estaba con una amiga que tuvo la misma reacción de él.
—Lo entiendo, pero al menos te has disculpado con ella que es lo que importa. Ahora lo único que resta es esperar a que tu prima venga a casa —él se levantó y tomó mis manos en un gesto de arrepentimiento —cariño, intenté contratar a la estilista que te prometí, pero dice que no puede hacerlo debido a que se encuentra con la agenda totalmente llena por los próximos seis meses.
—No te preocupes, papá —besé sus manos y le di un abrazo —sé bien que agotaste todos tus recursos, así que tranquilo. Felipe me conoció así como soy, no creo que le moleste el hecho de que no voy a utilizar maquillaje el día de la graduación.
—Espero con ansias conocer al muchacho que ha cautivado el corazón de mi bella princesa —mi papá levantó mi mentón y me miró con un profundo orgullo —eres una mujer muy hermosa, tanto por fuera como por dentro. No lo digo por el hecho de que soy tu padre, lo hago porque en serio es así, vas a conocer el amor verdadero y yo estaré a tu lado el día en que tengas que caminar hacia el altar con el hombre que te merece.
—Estoy segura que ese hombre es Felipe, él me hace feliz con sus mensajes, en serio que es así. Pero sé bien que ustedes desconfían de mi criterio y les voy a demostrar con el tiempo que no es así. No existe otro hombre con el que me vea caminando hacia el altar, pero sé bien que tú me vas a acompañar el gran día y en serio que toda la felicidad que voy a tener en esa fecha no me va a alcanzar en el pecho.
—Cariño —mi papá me besó la frente —en serio espero que tengas toda la razón con esto, no quiero verte triste por culpa de un hombre que no merece la pena una sola lágrima tuya.
—No te preocupes tanto, papá. En serio que ese hombre es Felipe, verás que al final del día tendré la razón al afirmar de esta manera, mi corazón me lo dice, él es la persona por la cual he esperado por tanto tiempo porque accedió a unos sentimientos que no sabía que existían, es increíble lo mucho que el amor te puede cambiar y ahora los días no son cualquiera. Pienso que un día más, un día menos para poder encontrarme con este hombre que hizo lo que nadie pudo hacer.
Mi papá se marchó a su habitación, yo me quedé en la sala un momento. Estaba mirando el jardín cuando escuché que alguien tocaba la puerta, una de las empleadas iba a ir a abrir, pero la detuve.
—Sus horas laborables ya terminaron, ve a descansar que ha sido un día muy largo para ustedes. Gracias por su servicio.
—Está bien, señorita —la empleada se inclinó con respeto y me sonrió —que descanse.
Una vez que la empleada se fue, yo caminé hacia la puerta. En el momento en que abrí, miré a Rachel que estaba a punto de tocar nuevamente el timbre. Pero ella no se encontraba sola, ahí estaba Robert y su amiga…