No sabía si realmente estaba mirando a Felipe en todos lados, pero esa idea tuve en mente cuando miré a Damien.
—Hola —mi tía saludó con una sonrisa a Damien —es un gusto verte, no sabía que mi sobrina tenía un amigo tan atento.
La atmósfera fue totalmente diferente a la que hubo inicialmente en la casa, fue ahí que me di cuenta de que había sido una buena idea aceptar la propuesta de mi tía.
—Si gustan pueden ir al jardín —mi tía nos ofreció en cuanto entramos a la casa —mientras tanto iré preparando la comida, les llevaré una jarra de limonada para que se refresquen, hace algo de calor.
Nos fuimos al jardín y pronto una de las empleadas nos llevó una jarra de limonada, me levanté y le serví un vaso a Damien.
—Lamento demasiado lo que pasó en la casa de mi mamá, en serio que sí —reconocí un tanto avergonzada —ella no es una buena persona, no la voy a justificar en absoluto.
—No te preocupes, supongo que mi apariencia no ayuda en absoluto —Damien sonrió con cierta vergüenza —soy el bicho raro de la universidad después de todo.
—Somos los bichos raros de la universidad —corregí con una sonrisa —pero los mejores en nuestras carreras y eso no es algo de lo que todos pueden presumir, además de eso recuerda que el tiempo pasa y ambos podemos llegar a cambiar físicamente. La vida da demasiadas vueltas y nunca se sabe.
—¿Sabes? A veces he pensado en cambiar mi imagen, ser como mi hermano tal como mi mamá lo dice. Quizás de esa manera pueda tener un poco de su aprobación.
—Te comprendo mejor que nadie —puse el vaso con limonada y sonreí con tristeza —en mi caso es cambiar como mi prima, ella es tan hermosa y destaca de manera positiva. Yo en cambio…
—Eres más hermosa.
La sinceridad en las palabras de Damien se podía percibir, lo miré y no hubo una pizca de duda en todo esto. Al final había vivido rodeada de hipocresías y la maestra en todo esto era mi madre.
—Gracias, sé bien que lo crees, pero la realidad de las cosas es totalmente diferente. En mi caso aunque destacó pues no es de manera positiva —hice una pausa y miré como el vaso con limonada comenzaba a sudar —sin embargo sabes algo, descubrí que no necesitas tener la aprobación de nadie, incluso de tu madre. Se supone que ellas nos tienen que amar a pesar de todo, no obstante nuestros casos no son así.
—No entiendo, incluso las bestias protegen a sus hijos, en cambio nuestras madres parecen ser las primeras en despedazarnos. ¿Cuál fue el mal que hicimos para que eso sucediera?
—No lo sé y sinceramente lo mejor es dejar de hacernos esas preguntas porque al final solo vamos a quedar con más dudas de las que tenemos. O creo que hay interrogantes que simplemente no merecen una respuesta.
Miré a Damien, él intentó poner su mano encima de la mía, podía notar el nerviosismo en su cuerpo por completo. Su mirada estaba llena de temor y parecía que quería hacer este gesto tan simple, no obstante al mismo tiempo no quería hacerlo por temor a que las cosas salieran mal.
—Damien —lo miré con cariño —dime qué es lo que pasa, anda, no tengas miedo de mí porque créeme que no te voy a hacer daño.
—¿Acaso no te das cuenta? —su sonrisa fue triste —te amo, Aaliyah.
Esas palabras me dejaron helada, no dije nada, el único sonido que había era el viento calmo que pasaba entre nosotros. Miré a Damien fijamente, me preguntaba si realmente sentía amor por mí.
Pero eso ya no importaba, porque al final de cuentas en mi mente solamente había una sola persona y era Felipe.
—Lo siento tanto, pero en estos momentos me encuentro hablando con alguien y tengo que reconocer que estoy enamorándome de él.
La sonrisa en los labios de Damien fue tan amarga que sentí como si tuviera un pedazo de hiel en mi boca. Él se levantó a toda prisa, con la cabeza gacha y sus manos vueltas puños.
—Creo que lo mejor es que me vaya, dile a tu tía que le agradezco la invitación a comer, pero no me puedo quedar aquí.
—Espera, Damien —lo detuve de la mano y él la apartó con brusquedad, haciendo que me lastimara —ouch, eso dolió.
Cuando escuchó mi quejido, él alzó la cabeza y se acercó a ver mi mano sin pensar en nada más que en mi bienestar.
—Lo siento, soy un animal.
—No digas eso —levanté su rostro para que me viera directamente —eres un buen chico, en serio que sí. La mujer que te tenga en su vida va a ser realmente afortunada.
—Quiero que entiendas una cosa, nunca va a existir otra mujer que no seas tú. Después de ti no hay nadie más que pueda interesarme de esta manera.
—No digas eso, ambos somos muy jóvenes y te digo que los años pasan. Pronto vas a olvidar este cruel rechazo y en serio que lamento demasiado lastimarte de esta manera porque jamás en mi corazón va a existir la intención de herir a alguien.
—Lo sé y es por eso que te amo, quizás los años pasen como dices, pero mi amor por ti siempre va a prevalecer, así pasen los siglos —él besó mis manos con una devoción que me sorprendía —entiende que hay cosas que no pueden ser sustituidas e incluso personas. Te amo, de todas las formas posibles, te amo con todos tus errores e imperfecciones.
—No puedes amarme de esa manera, ni siquiera me conoces. No creo en esas cosas del amor a primera vista, ni siquiera soy una mujer atractiva para decir que lo que sientes por mí es deseo.
—No, no siento deseo por ti sino amor puro. Hay personas que buscan el amor de su vida toda la vida y no lo pueden encontrar, pero yo lo encontré porque te quiero así como eres, con tus lentes de botella, tu camisa a cuadros y tu cola de caballo. Soy capaz de mover cielo y tierra solo por estar a tu lado, te amo con todas tus imperfecciones que te hacen perfecta para mí. No me importa si no eres perfecta, si yo no soy perfecto, lo único que me importa es que seamos perfectos el uno para el otro. Entiende que me completas, cuando alguien se da cuenta que quiere pasar el resto de su vida con otra persona no necesita de más tiempo ni de todas esas cosas que la sociedad dice, lo sabe y ya. Y ese es uno de los sentimientos que tengo hacia ti, desde el primer momento en que te miré, entiende eso, amor…