Uno de los chicos me invita a bailar y voy con él a la pista, es muy buen compañero y muy respetuoso.
Nos quedamos en la pista después de tres canciones, ya me duelen un poco los pies y le digo que vayamos a la mesa.
La verdad quiero irme son las once de la noche, es buena hora para descansar.
Joe toma mi mano para no perdernos entre tantas personas y llegamos a la mesa riéndonos de algunas personas que están verdaderamente ebrias, y nos encontramos con dos hombres demasiado guapos sentados en la mesa, el profesor tiene a Maia casi en sus piernas y el señor Morelli está sentado en medio de otras chicas.
Cuando llegamos Morelli mira mi mano entrelazada con mi amigo Joe y Sebastián no puede verme, está a espaldas de mí.
La sonrisa que me ofrece es algo maliciosa, no me gusta, me siento incómoda.
- Joe, creo que ya me tengo que ir, me están esperando - le miento al oído
- Está bien Anabella, ¿te acompaño al auto?
- Bueno, está bien - Tomo mi cartera y mi teléfono y mi acción no pasa desapercibida.
- ¿Te vas? - pregunta Sebastián y asiento con mi cabeza - ¿Necesitas que te lleven? Puedo hacerlo.
- No, vine en mi auto, Joe va a acompañarme, gracias profesor.
Me despido de todos con mi mano, y tomo la mano de Joe, solo para no perdernos.
Me acompaña al auto y nos despedimos, arranco el auto.
Estoy esperando en un semáforo cuando siento que alguien golpea mi auto por detrás.
- ¡Es en serio! - digo mientras golpeo el volante con un poco de frustración y me quito el cinturón para bajarme.
Reviso que no sea muy grave para continuar mi camino, la persona que le pego a mi carro no se baja, estoy por subir a mi auto cuando escucho la puerta del auto abrirse.
- ¿Señorita Parisi? - me giro para encontrarme con el señor Morelli, parece un poco ebrio - discúlpeme, bebí un poco y esta noche no tengo conductor.
- Tranquilo, no fue grave, tenga cuidado - trato de subir a mi auto.
- Señorita, voy a responderle por los daños, solo deme la dirección para mandar a alguien por su auto.
- Tranquilo, no hace falta - abro la puerta del auto para subirme.
- Esperé - su mirada cambia, ahora no parece ebrio, será que se asustó por el choque - no se vaya así, estoy muy ebrio, puede ayudarme por favor - vuelve a hablar como si estuviera ebrio.
Morelli se me acerca y mi corazón empieza a palpitar, tengo algún tipo de miedo.
- No sé cómo pueda ayudarlo señor Morelli - es la verdad, no tengo idea que hacer-
- Puede llevarme a mi villa, por favor - me dice y me sorprendo - puedo chocar a alguien más, no quiero hacerle daño... a nadie.
- ¿Y su auto?
- Puedo dejarlo estacionado, alguien puede recogerlo mañana - se acerca más a mí y me entrega las llaves de su auto mirándome a los ojos - ¿puede dejarlo estacionado en un lugar seguro? - asiento con mi cabeza, no sé en qué momento acepté hacer esto.
Me subo al auto del señor Morelli y corro el asiento a mi altura para poder conducir y estacionarlo a un lado de la carretera, la calle está sola y no hay más autos.
Me bajo y bloqueo el carro, asegurándome que este seguro y me giro para encontrar al señor Morelli montado en mi auto, al lado del pasajero.
Me subo y arranco mi auto.
-¿Dónde está su villa, señor Morelli?
- Puedes llamarme Mariano, estamos solos - una corriente pasa por mi espalda como un tipo de alerta y sonrió por cortesía.
- Bueno Mariano - sus ojos miran atento mis labios y miro la carretera un poco incómoda- ¿a dónde me dirijo?
Empieza a marcarme una ruta, y me pide que vaya más despacio, llevo conduciendo alrededor de una hora cuando encontramos una villa, muy hermosa.
- Puedo invitarte una copa, después de todo me trajiste a casa, sano y salvo - me mira y sonríe, tengo nervios de este hombre.
- No, muchas gracias, de pronto en otra ocasión, estoy muy lejos de casa y tengo que regresar - sonrió, esperando que se baje del auto.
- Es verdad, debería de acompañarte a tu casa y que un conductor me recoja, qué idiota, como voy a dejar que una mujer tan hermosa se vaya a su casa sola y a esta hora de la noche - No deja que hable y llama por teléfono pidiendo un auto para que nos siga.
- Creo que es mejor que se quede, ya estamos en su casa después de todo - Le digo intentando zafarme de él.
- No me voy a ir Anabella, no te voy a dejar - Me mira con sus ojos profundos y oscuros, frunzo el ceño, ahora no quiero discutir con él, le tengo un poco de miedo.
- Bueno... - arranco mi auto, necesito llegar a mi casa y que pueda irse este hombre.
- ¿Tienes novio? - Giro y lo miro para negar con mi cabeza - pensé que el chico con el que ibas el otro día era tu novio.
- Hace menos de un mes nos dejamos, pero ha sido mi amigo por toda la vida - sonrío pensando en Lucas.
-Deberías de alejarte de él, ¡es un idiota!
- ¿Por qué dices eso? - continuo con mi mirada hacia la carrera.
- Eres una mujer demasiado hermosa, nadie, en su sano juicio, aceptaría ser tu mejor amigo y se declara a dos meses de graduarse - eso hace que piense.
- ¿Cómo sabes eso? - pregunto - apenas nos decidimos a estar juntos, ¡eso es todo! Pero es mejor darnos un tiempo, creo que la universidad me tiene demasiado estresada.
- Anabella, si me dijeras que te acostabas con él y que aceptaron apenas formalizar la relación, te creería, pero ni siquiera se acuestan - ¿cómo carajos sabe eso? - y si yo fuera él, el primer día que me digas sí, te llevo a la cama, él no te desea, eso quiere decir que no te ama.
- ¿Por qué dices que no, nos hemos acostado?
- Pude notarlo - frunzo el ceño - el día del restaurante.
- ¿Pudiste notarlo? ¿Con solo vernos?
- Sí, pequeña, también noté que te acostabas con Sebastián - me atoro con saliva y tengo que detener el auto, pero como sabe eso, ¿me investigo?
- ¿Quién te dijo eso? ¿Fue Sebastián?
- No, él no habla de ti, eso fue lo que lo delató, le dije que me gustaste y me cambio el tema, es mi mejor amigo, lo conozco mejor que él mismo.
- Es mejor que te bajes de mi auto - le digo, estoy demasiado nerviosa- necesito llegar a mi casa.
- Ya te lo dije, no me voy a ir - Se acomoda el saco de su traje y lo desabotona - Te lo voy a decir una sola vez Anabella Parisi, aléjate de Lucas y también de Sebastián.
- Como que me aleje, ¿quién eres para pedirme eso? - lo miro y aprieto mis manos sobre el volante, ha logrado hacerme enojar.
- Vas a ser mi mujer Anabella, no puedes estar con otros hombres, ¡ya no más!
- ¿Qué? - como su mujer, este tipo se le pasaron los tragos y más que eso - creo que estás muy ebrio, es mejor que vayas a tu casa - mi corazón palpita cuando me sonríe, tengo miedo.
- Nunca he estado ebrio, no podría embriagarme, no con una sola copa - me sonríe con malicia y mi corazón está que se sale del pecho.