Pov Salomé. El vaso con licor que sostenía hace unos segundos es apartado de mis dedos con brusquedad. Veo como lo lanza a la pared que tiene detrás y como los vidrios se rompen dejando los fragmentos en el piso. El líquido champañizado se desborda en el granito, mientras los ojos verdes de Damián Morgan parecen dos volcanes echando fuego. —¿Qué ocurre? —pregunto tragando grueso. —Sal de aquí Alice —le dice a la mujer que se mantiene a su derecha con una sonrisa burlesca en sus labios. El corazón me retumba en el pecho y por milésima vez desde que llegué a Italia me siento pequeña, tan pequeña como una animal que se arrastra cuando él se acerca a mí como toro embravecido. —¿Qué ocurre? —pregunta y tiemblo debajo de su imponente figura . —Sí, no sé lo que… —susurro incapaz de moverme.

