Pov Salomé El frío que se cuela por las cortinas blancas de la habitación de Damián acaricia mi rostro marfileño poniéndome a suspirar. Siento como el clima gélido de Florencia se mete debajo de las sabanas y acaricia mi cuerpo estremeciendo cada centímetro. Abro los ojos notando dónde estoy y suspiro al ver al hombre que invade la mitad de la cama acostado a mi lado. Su mano cubre mi abdomen, y su cabeza reposa tan cerca de la mía que puedo sentir su aliento cálido en mi nuca. Lo aparto con cuidado notando que está realmente dormido y sin preámbulo salgo de la cama tomando su albornoz. «Quisiera decir que me arrepiento» Pero la verdad es que no hay arrepentimiento en mi mente. Estar con él, cuidarlo cuando se encuentra enfermo y, dejarme llevar por sus brazos no es un sacrificio para

