Pov Amada Sus ojos de ese tono verde agua se vuelven oscuros, tanto que las piernas me tiemblan por el miedo que eso me genera. Respiro fuerte intentando que no se me note los nervios pero es imposible, todo me tiembla de manera exagerada. Hasta siento como el vientre se me contrae cuando lo veo acercarse hacia mí. Lo hace con una sonrisa macabra en su rostro y con esa perversidad que tanto me hace apretar las piernas. El calor de su cuerpo se aproxima y siento como las venas me queman la piel cuando se posa enfrente de mí. Quedo debajo, expuesta y chiquita como una pequeña ardilla entre las garras de un águila que solo quiere una cosa: comerla. —¿Lo has olvidado, Amada? —me pregunta y su aliento me pega en el rostro aumentando mi líbido a mil. «No es posible que me moje tanto Dios mío

