Pov Salomé —¿Qué te pasa? ¡Casi le arrancas los dedos a ese pobre niño! —le grito mientras entramos al comedor de la mansión. Los empleados que están terminando de servir la mesa se nos quedan viendo con disimulo y tras Damián fulminarlos salen disparados. Lo veo ponerse las manos en la cintura y también mirar el techo como buscando paciencia, una que… a decir verdad pareciera que cada dia se le estuviera agotando. —¿Un niño? —se masajea las sienes con rabia—, ¡es hombre Salomé! ¡Un hombre con el que estabas coqueteando! —bufo. —¿Eso es lo que te preocupa? ¿Que estaba “coqueteando" con él y no contigo? —me cruzo de brazos y le subo una ceja. El verde de sus ojos se oscurece más de lo habitual y tras apretar los dientes habla: —No es necesario que lo hagas para creerme lo que soy… —S

