Pov Brahin Me giro lentamente y comienzo a caminar hasta la camioneta. Todo el cuerpo me tiembla y el corazón me salta con tanta fuerza que creo que en cualquier momento saldrá de mi pecho. Aprieto los dientes lleno de rabia, de decepción y sobretodo de impotencia, luego, me subo en el asiento de piloto para luego conducir; no sin antes guardar la hebra roja que tomé de sus cabellos en una bolsa hermética que acostumbro a tener en la guantera de mi auto. Comienzo a conducir apretado tan fuerte los dientes que siento que los voy reventar y mientras manejo no dejo de pensar en las niñas. —¡Maldición! —Golpeo el volante sin dejar de conducir. Me salto los semáforos y hasta siento la cabeza caliente al igual que mis sienes. ¿Por qué no me lo dijo? ¿Por qué mierda me ocultó que tenía dos hij

