El mismo día Londres Bahir Tuve que ceder al ofrecimiento de Susan, porque le pidió a la empleada que nos muestre cada articulo y su uso, entonces empecé a sonrojarme por la vergüenza, el rostro lo tenía rojo y cada vez se agravaba mucho más, al punto que sentía que la cara me quemaba, claro que mi amiga estaba de lo más relajada, al punto de hacerme algunas preguntas subidas de tono, como si se tratará de una prenda de vestir, ¿Te gustan los consoladores? ¿El aceite lo llevas? Para mí era demasiado haber pisado el lugar, ¿Qué hice? Tragué saliva, me enfoque, puse mi rostro comprimido y camine al mostrador como si nada me incomodará, elegí un par de cosas para abandonar la tienda, pero no fui la única, me siguió Diana y después de comentar las ocurrencias de Susan, la charla con la empl

