—Puede servirse lo que guste —me dijo la recepcionista— Tenemos barra libre. Voy a tratar de complacer su encargo —agregó y desapareció por una de las puertas. La chica que bailaba en el escenario tenía unos senos pequeños, aunque se veían perfectos y delineados, terminados en puntas que apuntaban hacia el techo, mientras ella se contorsionaba sensualmente. Sus piernas eran largas y bien dibujadas y tenía un trasero que me hizo agua la boca. Su bikini era n***o, como la cabellera y ojos de a chica que movía las caderas al ritmo de la música. La bailarina clavó en mí su mirada y me obsequió una sonrisa invitadora, al tiempo que su lengua salía de sus labios para relamerlos, dibujando su contorno. Sin dejar de contonearse, se acercó a mi mesa y sonrió. Saqué dos billetes de cien pesos.

