CAPÍTULO 3

1502 Words
«Esto tiene que ser una jodida pesadilla. ¿Cómo fuí tan estúpida?.» Pienso, aún en shock. Terminan de sacar la droga de la maleta, tomándole algunas fotografías. Me esposan y me dirigen a una patrulla. Mi llanto no cesa, en ningún momento. Llegamos a la delegación, en donde me reseñan y me permiten hacer la llamada. Sin dudarlo, marco el número de Eliza. Al segundo tono responde. — ¿Diga?. — Eliza, soy Monserratt. — Linda, te hacía en un vuelo rumbo a la playa. — Jefecita, necesito tu ayuda. — Logro decir, entre sollozos. — Por Dios, ¿Qué pasa?. — Indaga preocupada, al escuchar mi tono. — Me detuvieron. Estoy en la delegación de policía. — ¿Qué?, ¿Por qué?. — ¿Puedes venir?, Aquí te explico. — Ya mismo salgo para allá. — Le agradezco y terminamos la llamada. Me llevan a uno de los calabozos, donde debo permanecer. ✯¸.•´*¨`*•✿ ✿•*`¨*`•.¸✯ Uno de los guardias me informa que tengo visita, por lo que lo sigo hacia una habitación que contiene varias mesas y sillas, como si fuese una cafetería. Ahí está mi jefa, quién se pone de pie y corre a mi encuentro. Me aferro a ella en un fuerte abrazo, mientras lloro desconsoladamente sobre su regazo. — ¿Qué fué lo que pasó, Monse?. — Indaga acariciando mi espalda y mi cabello. Deshago el abrazo y tomo aire, mientras ambas nos sentamos. — Llegué antes al aeropuerto y luego Virginia apareció. Me pidió que llevara su maleta, ya que por cosas de trabajo había tenido que reprogramar su vuelo. Cuando iba a abordar, un policía me pidió acompañarlo y... — El llanto no me permite continuar. — Está bien, linda. Trata de estar tranquila, ¿Sí?. Voy a hacer todo lo que esté en mis manos, para solucionar esto. — Asegura, limpiando mis lágrimas con sus pulgares. Asiento y ella pide un poco de agua, la cual me hace beber. — Debo realizar los trámites pertinentes del caso. Te estaré avisando cómo va todo, ¿De acuerdo?. — Se despide y ambas nos ponemos de pie. Me abraza. — ¿Quieres que le avise a tu hermana?. — Pregunta. — ¡Ay, Julia!. Con todo esto, la olvidé. ¡Va a matarme!. — Vuelvo a llorar. — No digas eso. Tú no sabías las intenciones de esa mujer. — Me conforta. — Gracias. — Respondo y ella me sonríe, saliendo del lugar. ✯¸.•´*¨`*•✿ ✿•*`¨*`•.¸✯ — Contreras, la están esperando. — Anuncia el guardia, abriendo la reja y poniéndome las esposas. Caminamos a la sala de visitas, donde está esperándome Julia. Me mira seria, por lo que no puedo evitar sentir nervios. — Negrita, yo... — Trato de hablar. Antes de poder continuar, su mano choca en mi mejilla, con fuerza. — ¿No te advertí que tuvieras cuidado con esa tipa?. — Grita furiosa. — Tienes razón, pero no tienes por qué golpearme. — Respondo en su mismo tono. Ella respira hondo y sus ojos se cristalizan. — Lo siento, me excedí, pero es que no pudiste ser más ingenua. — Se defiende. — ¿Qué vamos a hacer, Monserratt?. Te jodiste la vida. — Solloza y pasa sus manos por su cabello, con desespero. — Eliza está a cargo del caso, tengo la esperanza de que me ayudará. — Aseguro y ella revolea sus ojos. — Despierta, niña. Te atraparon con droga en un aeropuerto internacional, por Dios. Por más buena abogada que sea tu jefa, no creo que pueda hacer mucho. — Gracias, Julia. Ese es el apoyo que necesito por parte de mí hermana. — Respondo con sarcasmo, llamo al guardia y salgo junto a él, totalmente furiosa. Se supone que debería apoyarme, darme ánimo y es todo lo contrario. Sé que está molesta, pero me duelen sus palabras. ✿❯──「 UNOS DÍAS DESPUÉS... 」──❮✿ Como era de esperarse, Virginia no aparece y bueno, aunque lo haga, no creo que confiese que me engañó y abusó de mi buena fé. Ahora estamos en la audiencia y Eliza ha hecho hasta lo imposible, para defenderme. Es una excelente abogada. Julia no vino y la verdad, no me importa. Sigo muy dolida. La juez pide que todos nos pongamos de pie y lo hacemos. — Teniendo en cuenta que la imputada fué hallada con tres mil gramos de cocaína en el momento en que pretendía sacarlos de la ciudad camuflados en una maleta, este tribunal sentencia que debe cumplir con una condena de ciento ochenta meses de prisión, por el delito de tráfico ilegal de estupefacientes. No se otorgará el beneficio de casa por cárcel, o rebaja de pena. — Informa. — ¿Algo más que la fiscalía quiera agregar?. — Pregunta y el fiscal niega. — Muy bien, siendo las doce horas y cuarenta minutos, se da por terminada esta audiencia. — Finaliza, dando varios golpes con su maceta de madera. Los murmullos no se hacen esperar, mientras puedo sentir mi vida irse directo al caño. Eliza me abraza y mi llanto es incontenible. Mónica, que estaba atrás de nosotras, se acerca y también me abraza, haciéndome saber que cuento con ella. La guardia anuncia que debemos irnos, por lo que toma mi brazo y caminamos hasta la salida, donde nos espera una patrulla. — No vas a estar sola, Monse. Nosotras estaremos pendientes de tí y de lo que necesites, ¿Sí?. — Me dice mi jefa y Mónica concede, con un asentimiento. — Gracias niñas. De verdad que me alivia el alma, contar con ustedes en este momento. — Sollozo y ellas me abrazan. Me despido de las dos y subo a la patrulla, que de inmediato arranca. Al llegar, me reseñan, me hace una horrible requisa, me entregan un uniforme y me llevan a una celda, que por fortuna está vacía. Me tiro a la pequeña cama que hay allí y lloro hasta quedarme dormida. ✿❯──「 DOS SEMANAS DESPUÉS... 」──❮✿ Hace ya dos semanas que estoy aquí y aún me cuesta asimilar la realidad. Son quince años, los que me esperan en este infierno y el solo hecho de pensar en que mi vida se acabó, me arruga el alma. Tenía tantos planes y ahora simplemente, no podrán ser. Eliza y Mónica han venido un par de veces y han estado muy pendientes, como lo prometieron. — ¿Tampoco saldrás hoy?. — Pregunta Conny, una de mis compañeras, entrando a la celda. — ¡No!. — Respondo poniendo una almohada sobre mi cabeza, para que me deje en paz. — Monserratt, no puedes seguir así. Apenas y pruebas bocado, mantienes encerrada. Te vas a enfermar. — Insiste, quitándome la almohada. A pesar de que no compartimos celda, ella me ofreció su amistad desde que llegué y se ha preocupado mucho por mí, lo que aprecio bastante. — Bueno, ya. ¡Está bien!. — Respondo resignada, me levanto, tomo mis cosas de aseo y ambas caminamos hacia las duchas. Después de bañarnos y arreglarnos un poco, nos dirigimos al comedor, para desayunar. En el proceso, una guardia me llama. — Contreras, tiene visita. — Anuncia, por lo que me separo de mi compañera y sigo a la sala de visitas. Al llegar, quedo paralizada al ver a Julia allí sentada, esperando por mí. — Perdóname, chiquita. Me siento terrible, por dejarte sola en este momento tan difícil. No debí hablarte así la última vez. — Se disculpa entre sollozos y me abraza. Le correspondo al abrazo. Después de todo, es mi hermana y la quiero. — No tengo nada que perdonarte, negrita. Eres lo único que tengo en este mundo y ahora más que nunca te necesito. — Sonrío y beso su frente. Me entrega una bolsa con algunos panecillos y otra con implementos de aseo, para que no me falten. Conversamos un rato y se regresa para la casa, con la promesa de no abandonarme y visitarme cada que se lo permitan. Salgo de ahí feliz, ya que al menos cuento con la única familia que me queda. Paso por mi celda, guardo las cosas y regreso al comedor, donde me espera Conny. Reclamo mi desayuno y empiezo a caminar hacia la mesa. De repente todo me da vueltas, por lo que la bandeja cae de mis manos. Aprieto mis ojos, pero el mareo no se me pasa. Es algo muy extraño y que jamás había experimentado. Escucho a lo lejos que me llaman y pasos que se acercan, aunque cada vez se oye más lejos. — ¡Guardia!, Hay que llevarla a la enfermería. — Grita Conny, desesperada. — Monserratt, quédate conmigo, por favor. — Es lo último que logro oír, antes de que todo se nuble a mi alrededor y no sepa más de mí.
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